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(Notas:
-Esto forma parte de un AU donde también Pennywise (IT) termina apareciendo.
-Daniela tiene 26 años y es parte de la feria ambulante como domadora de serpientes.
-Esto es muy autoindulgente como siempre
-Bob y Daniela son amigos, pero se gustan.
-Dejé algunos apodos en inglés porque me gustan así, pero en verdad toda la conversación es en inglés.)
Sintió golpes en la puerta de su caravana saliendo de su trance y dijo:
—¡¿Quién?!
Se limpió un poco las manos con un trapo el cual también usó para abrir la puerta en cuanto se detuvo frente a ella.
—Hola señorita, ¿interrumpo algo importante? —saludó con una sonrisa.
—¡Bob! No… bueno, en realidad sí, estaba pintando —respondió un poco nerviosa.
—Oh… Discúlpame, sólo venía a ver cómo estabas, ya sabes, por lo de la otra noche.
Daniela tocó su costado, debajo de la ropa habían unas vendas cubriendo su herida. Hace dos noches la habían atacado unos animales salvajes.
—Estoy bien. Gracias por ayudarme.
—Sabes que no es nada, no podría dejar a una dama en apuros completamente sola… —Miró a ambos lados antes de preguntar—: ¿Podría entrar?
—Oh, claro.
Respondió de inmediato haciéndose a un lado para dejarlo pasar, miró hacia afuera un momento asegurándose de que nadie los estuviera viendo y cerró la puerta. Ya había pasado antes que otros miembros de la feria los espiaban y luego los molestaban con preguntas indecentes, ninguno de los dos estaba de ánimo para eso, además sólo eran amigos. La palabra la lastimaba un poco, sin embargo lo entendía, Robert era viudo y tenía una hija, jamás se fijaría en alguien menor que él y a quien veía como una amiga muy cercana.
Soltó el pomo de la puerta y se dirigió a su cuarto, Bob ya estaba sentado en su cama observando con interés su reciente cuadro, el cual aún no estaba terminado.
—¿Pintando a tus criaturas otra vez?
Daniela se rió un poco.
—Sí, aún no lo termino, ¿qué te parece?
Bob observaba la pintura con los ojos brillosos, volteó hacia ella y se expresó igual como cualquier padre amoroso le hablaría a una de sus hijas.
—Es hermoso, tienes talento, sweetie.
—Pff, no exageres.
—No lo hago, para nada.
La chica puso los ojos en blanco y se sentó en la silla frente al lienzo. Bob la miró en silencio mientras ella volvía a concentrarse en su pintura, estaba demasiado inmerso en las pinceladas sobre la pintura y como el cabello de Daniela brillaba por los pequeños haces de luz amarillenta que se colaban desde la ventana de la caravana, sin embargo la pregunta que ella hizo después lo tomó desprevenido, sacudió un poco la cabeza acallando los pensamientos lo más rápido posible antes de responder.
—¿Qué?
—¿Cómo está Ingrid? —repitió dándose cuenta que Bob se distrajo, quien sabe con qué, quizá tenía resaca, había bebido bastante anoche.
—Oh, perfecta, se ve bastante feliz últimamente, me preparó una sorpresa.
—¿Una sorpresa?
Dejó el lienzo un momento para prestarle más atención, volteó hacia él mientras Bob se acomodaba apoyando las manos en sus piernas.
—Era una pequeña payasita.
—¿Usó un traje? —preguntó con notoria emoción en sus palabras.
Bob asintió y habló con su voz llena de orgullo.
—El traje, la pintura, la peluca, era una payasita adorable.
—Oh, me imagino lo bonita que se veía.
—Es mi hija después de todo —Su pecho se infló al hablar de su pequeña.
—Parece que entretener viene de familia.
—Sí…
El hombre de repente se veía decaído y melancólico, Daniela frunció el ceño, quizá no debió hacer ese comentario, dejó sus pinceles a un lado y se volvió a limpiar un poco las manos con el trapo mientras se sentaba a su lado en la cama y rodeó sus hombros con cierta timidez, no le gustaba ser tan íntima con otros, ni consolar a nadie, sin embargo siempre intentaba hacer una excepción con él, sobre todo cuando era su culpa.
—Hey, lo siento, no debí decir eso así de la nada.
Bob forzó una sonrisa al sentir su toque, no quería hacerla sentir culpable, sin embargo no podía ocultar bien el temblor en sus manos, necesitaba un cigarrillo.
—No te preocupes, no es tu culpa.
—Claro que sí, Bob. No debí tener tan poco tacto.
—No, está bien, hablo en serio. No le hagas caso a este viejo, ¿si?
—Eres mi amigo, no un viejo.
Bob rió suavemente ante su comentario, sin querer lo había hecho sentir mejor, su sinceridad siempre era muy entrañable para él. Daniela sintió un escalofrío en el espinazo al escuchar esa risa ronca y apagada deslizándose entre sus labios, frotó su espalda en un intento de reconfortarlo un poco más, pero su cabeza estaba en otro lado e inevitablemente su corazón comenzó a latir más rápido.
—Haces mucho bien a la vida de este viejo.
—Por favor, no estás tan viejo, deja esa tontería.
Bob volvió a reír, y frunció un poco los labios haciendo un pequeño ruido de "tks", y sonrió sin mirarla realmente, parecía un poco avergonzado de su actitud, no quería sonar como un amargado delante de ella, ser amigo cercano de alguien menor que él y con vivencias tan distintas no siempre era fácil, pero lo que menos deseaba era pasarle ese peso a Daniela, se sentía patético.
Luego de unos segundos volvió a mirarla y observó su costado.
—¿Quieres que te ayude a cambiar tu vendaje?
—¿Ahora? Puedo hacerlo sola, no te preocupes por eso.
—No, déjame hacerlo, sweetie. Quiero que estés cómoda.
Daniela suspiró siendo consciente de que no podría decirle que no, era muy insistente en cuidarla siempre, a veces parecía más una hija adoptiva que su amiga, pero no podía quejarse de ello, nunca había tenido un padre presente, menos ahora que estaba lejos de sus progenitores sin saber realmente si seguían vivos o no. Bob había tomado el lugar de ellos antes de que pudiera percatarse de lo que estaba sucediendo, del vínculo que estaban formando, sin embargo también debía admitir que le gustaba como más que un amigo a pesar de que en el fondo sabía que jamás iba a corresponderle.
—Está bien, doctor.
—Enseñame.
La chica se desabotonó el vestido para quitarse la parte de arriba y luego el corset, sólo la falda del vestido la cubría, colocó las manos en su busto intentando cubrirse un poco, más por respeto que por otra cosa, no sentía pudor alguno por su cuerpo en realidad. Bob se había levantado para buscar el botiquín dónde estaban las vendas, volvió a sentarse en el mismo lugar, se detuvo una fracción de segundo y la contempló como quien adora en silencio una obra de arte, sin embargo desvío la mirada rápidamente sintiéndose tímido, Bob siempre era muy respetuoso con las damas y Daniela no era una excepción, aunque en su mente había grabado cada curva, lunar y estría de su cuerpo que se alcanzara a apreciar. Tragó saliva volviendo a su tarea, con suavidad sus manos tocaron la venda de la herida desprendiendola y revelando la carne lastimada. Daniela frunció el ceño cuando Bob le untó un poco de antiséptico con una gasa, odiaba ese ardor, pero le dejó hacer su trabajo a pesar de las quejas que estaba emitiendo en voz baja. Por último volvió a vendar la herida, Daniela respiró en cuanto vio que había terminado.
—Eres muy valiente.
—Bob, Tengo 26, no 4 años.
—26 años con una intolerancia bastante grande al dolor.
Daniela puso los ojos en blanco, pero soltó una pequeña risa, después de un año siendo amigos la conocía bien.
—Touché.
—Te ayudó a ponerte eso.
Bob habló en cuanto ella sostuvo el corset, se lo pasó en las manos sin hacer más comentarios y se dió la vuelta, el hombre la trataba como el pétalo de una rosa, su tacto era suave pero áspero. Apretó el corset cuidando no hacerlo demasiado fuerte, Daniela le dió el visto bueno y lo amarró bien antes de ayudarla a colocarse de nuevo la parte de arriba del vestido, en cuanto terminó de abotonarlo le dió un par de palmaditas en la espalda.
—Gracias, Bob —dijo girándose hacía él.
—No es nada.
Daniela sonrió y miró el cuadro a medio terminar, ahora no tenía muchas ganas de pintar, quería seguir hablando con Bob, se sentó en el borde de la cama y él hizo lo mismo. El hombre fijó su vista en el cuadro y no pudo evitar querer saciar su curiosidad.
—¿Te hubiera gustado ser artista?
La pregunta la tomó desprevenida, pero respondió encogiéndose de hombros.
—No lo sé. No soy buena realmente, creo que se me dan mejor las serpientes.
Bob asintió en señal de comprensión, aunque no opinaba lo mismo.
—Además estoy bien con ellas, son mis amigas.
—Definitivamente eres una en un millón —dijo acomodándose hacia atrás, apoyándose en la cama con las manos.
—Por algo terminé en una feria, soy un fenómeno —contestó con ironía, Bob rió ante eso.
—Sweetie, mereces algo mejor que estar en una feria, tal vez tener tu propio show de serpientes o lo que sea, incluso ser pintora te haría bien, una caravana no está a tu altura.
—Nah, estoy bien aquí… pareciera que quieres echarme —comentó fingiendo estar ofendida.
—Pff, no es eso, lo sabes. Sólo me desespera ver que desperdicias tu talento.
—... Opino lo mismo sobre ti.
Daniela lo dijo sin mirarlo, por si la volvía a cagar mencionando el tema, sin embargo quería hacerle saber a Bob que respetaba y admiraba su trabajo.
—Esos años dorados forman parte del pasado —dijo con una expresión seria en su rostro.
—Para mí no —respondió rápidamente, luego suavizó su voz—. Creo que tienes mucho talento, transformas tu dolor en arte, no cualquiera puede hacerlo, es una cualidad hermosa, sabes…
Bob sintió las mariposas revolotear en su estómago, que Daniela apreciara su trabajo era algo muy especial para él y lo llenaba de sentimientos que no debería estar sintiendo, pero que anhelaba desde que la conoció.
—Oh, para. Me estás sonrojando.
—Es la verdad.
—Aprecio que me lo digas, sweetie —dijo dando una pausa para mirar hacia el techo—. Cuando tenga listo mi nuevo número serás la primera en verlo.
—¿Un nuevo show?¿Por qué no me dijiste antes? —preguntó tratando de contener su emoción, era una buena noticia.
—Aún no tengo nada preparado, tardaré un tiempo antes de que ocurra, Ingrid será parte también.
—Suena maravilloso.
Bob sonrió como no lo había hecho en días y la miró.
—Sabía que te gustaría saberlo.
Daniela y Robert siguieron hablando por un par de horas más sin prestarle atención al tiempo, el hombre se retiró de la caravana bien entrada la noche al recordar que Ingrid podría estar buscándolo y no quería preocuparla, ella lo despidió con la mano y lo observó irse por un par de minutos hasta que estuvo lo suficientemente lejos, cerró la puerta dirigiéndose a su habitación, el olor de Bob seguía ahí, tanto como su calidez y el confort de sus palabras. Esa noche durmió tranquila.
-Esto forma parte de un AU donde también Pennywise (IT) termina apareciendo.
-Daniela tiene 26 años y es parte de la feria ambulante como domadora de serpientes.
-Esto es muy autoindulgente como siempre
-Bob y Daniela son amigos, pero se gustan.
-Dejé algunos apodos en inglés porque me gustan así, pero en verdad toda la conversación es en inglés.)
A Little Chat
El pincel se deslizaba sobre el lienzo una y otra vez dejando rastros de pintura verde a su paso, tarareaba una melodía entre tanto concentrándose en su obra de arte y observaba de vez en cuando a la serpiente que servía de referencia, una de sus tantas compañeras en su actuación de domadora de serpientes, para ella eran sus amigas más cercanas, le gustaba retratarlas cada vez que podía.
Sintió golpes en la puerta de su caravana saliendo de su trance y dijo:
—¡¿Quién?!
Se limpió un poco las manos con un trapo el cual también usó para abrir la puerta en cuanto se detuvo frente a ella.
—Hola señorita, ¿interrumpo algo importante? —saludó con una sonrisa.
—¡Bob! No… bueno, en realidad sí, estaba pintando —respondió un poco nerviosa.
—Oh… Discúlpame, sólo venía a ver cómo estabas, ya sabes, por lo de la otra noche.
Daniela tocó su costado, debajo de la ropa habían unas vendas cubriendo su herida. Hace dos noches la habían atacado unos animales salvajes.
—Estoy bien. Gracias por ayudarme.
—Sabes que no es nada, no podría dejar a una dama en apuros completamente sola… —Miró a ambos lados antes de preguntar—: ¿Podría entrar?
—Oh, claro.
Respondió de inmediato haciéndose a un lado para dejarlo pasar, miró hacia afuera un momento asegurándose de que nadie los estuviera viendo y cerró la puerta. Ya había pasado antes que otros miembros de la feria los espiaban y luego los molestaban con preguntas indecentes, ninguno de los dos estaba de ánimo para eso, además sólo eran amigos. La palabra la lastimaba un poco, sin embargo lo entendía, Robert era viudo y tenía una hija, jamás se fijaría en alguien menor que él y a quien veía como una amiga muy cercana.
Soltó el pomo de la puerta y se dirigió a su cuarto, Bob ya estaba sentado en su cama observando con interés su reciente cuadro, el cual aún no estaba terminado.
—¿Pintando a tus criaturas otra vez?
Daniela se rió un poco.
—Sí, aún no lo termino, ¿qué te parece?
Bob observaba la pintura con los ojos brillosos, volteó hacia ella y se expresó igual como cualquier padre amoroso le hablaría a una de sus hijas.
—Es hermoso, tienes talento, sweetie.
—Pff, no exageres.
—No lo hago, para nada.
La chica puso los ojos en blanco y se sentó en la silla frente al lienzo. Bob la miró en silencio mientras ella volvía a concentrarse en su pintura, estaba demasiado inmerso en las pinceladas sobre la pintura y como el cabello de Daniela brillaba por los pequeños haces de luz amarillenta que se colaban desde la ventana de la caravana, sin embargo la pregunta que ella hizo después lo tomó desprevenido, sacudió un poco la cabeza acallando los pensamientos lo más rápido posible antes de responder.
—¿Qué?
—¿Cómo está Ingrid? —repitió dándose cuenta que Bob se distrajo, quien sabe con qué, quizá tenía resaca, había bebido bastante anoche.
—Oh, perfecta, se ve bastante feliz últimamente, me preparó una sorpresa.
—¿Una sorpresa?
Dejó el lienzo un momento para prestarle más atención, volteó hacia él mientras Bob se acomodaba apoyando las manos en sus piernas.
—Era una pequeña payasita.
—¿Usó un traje? —preguntó con notoria emoción en sus palabras.
Bob asintió y habló con su voz llena de orgullo.
—El traje, la pintura, la peluca, era una payasita adorable.
—Oh, me imagino lo bonita que se veía.
—Es mi hija después de todo —Su pecho se infló al hablar de su pequeña.
—Parece que entretener viene de familia.
—Sí…
El hombre de repente se veía decaído y melancólico, Daniela frunció el ceño, quizá no debió hacer ese comentario, dejó sus pinceles a un lado y se volvió a limpiar un poco las manos con el trapo mientras se sentaba a su lado en la cama y rodeó sus hombros con cierta timidez, no le gustaba ser tan íntima con otros, ni consolar a nadie, sin embargo siempre intentaba hacer una excepción con él, sobre todo cuando era su culpa.
—Hey, lo siento, no debí decir eso así de la nada.
Bob forzó una sonrisa al sentir su toque, no quería hacerla sentir culpable, sin embargo no podía ocultar bien el temblor en sus manos, necesitaba un cigarrillo.
—No te preocupes, no es tu culpa.
—Claro que sí, Bob. No debí tener tan poco tacto.
—No, está bien, hablo en serio. No le hagas caso a este viejo, ¿si?
—Eres mi amigo, no un viejo.
Bob rió suavemente ante su comentario, sin querer lo había hecho sentir mejor, su sinceridad siempre era muy entrañable para él. Daniela sintió un escalofrío en el espinazo al escuchar esa risa ronca y apagada deslizándose entre sus labios, frotó su espalda en un intento de reconfortarlo un poco más, pero su cabeza estaba en otro lado e inevitablemente su corazón comenzó a latir más rápido.
—Haces mucho bien a la vida de este viejo.
—Por favor, no estás tan viejo, deja esa tontería.
Bob volvió a reír, y frunció un poco los labios haciendo un pequeño ruido de "tks", y sonrió sin mirarla realmente, parecía un poco avergonzado de su actitud, no quería sonar como un amargado delante de ella, ser amigo cercano de alguien menor que él y con vivencias tan distintas no siempre era fácil, pero lo que menos deseaba era pasarle ese peso a Daniela, se sentía patético.
Luego de unos segundos volvió a mirarla y observó su costado.
—¿Quieres que te ayude a cambiar tu vendaje?
—¿Ahora? Puedo hacerlo sola, no te preocupes por eso.
—No, déjame hacerlo, sweetie. Quiero que estés cómoda.
Daniela suspiró siendo consciente de que no podría decirle que no, era muy insistente en cuidarla siempre, a veces parecía más una hija adoptiva que su amiga, pero no podía quejarse de ello, nunca había tenido un padre presente, menos ahora que estaba lejos de sus progenitores sin saber realmente si seguían vivos o no. Bob había tomado el lugar de ellos antes de que pudiera percatarse de lo que estaba sucediendo, del vínculo que estaban formando, sin embargo también debía admitir que le gustaba como más que un amigo a pesar de que en el fondo sabía que jamás iba a corresponderle.
—Está bien, doctor.
—Enseñame.
La chica se desabotonó el vestido para quitarse la parte de arriba y luego el corset, sólo la falda del vestido la cubría, colocó las manos en su busto intentando cubrirse un poco, más por respeto que por otra cosa, no sentía pudor alguno por su cuerpo en realidad. Bob se había levantado para buscar el botiquín dónde estaban las vendas, volvió a sentarse en el mismo lugar, se detuvo una fracción de segundo y la contempló como quien adora en silencio una obra de arte, sin embargo desvío la mirada rápidamente sintiéndose tímido, Bob siempre era muy respetuoso con las damas y Daniela no era una excepción, aunque en su mente había grabado cada curva, lunar y estría de su cuerpo que se alcanzara a apreciar. Tragó saliva volviendo a su tarea, con suavidad sus manos tocaron la venda de la herida desprendiendola y revelando la carne lastimada. Daniela frunció el ceño cuando Bob le untó un poco de antiséptico con una gasa, odiaba ese ardor, pero le dejó hacer su trabajo a pesar de las quejas que estaba emitiendo en voz baja. Por último volvió a vendar la herida, Daniela respiró en cuanto vio que había terminado.
—Eres muy valiente.
—Bob, Tengo 26, no 4 años.
—26 años con una intolerancia bastante grande al dolor.
Daniela puso los ojos en blanco, pero soltó una pequeña risa, después de un año siendo amigos la conocía bien.
—Touché.
—Te ayudó a ponerte eso.
Bob habló en cuanto ella sostuvo el corset, se lo pasó en las manos sin hacer más comentarios y se dió la vuelta, el hombre la trataba como el pétalo de una rosa, su tacto era suave pero áspero. Apretó el corset cuidando no hacerlo demasiado fuerte, Daniela le dió el visto bueno y lo amarró bien antes de ayudarla a colocarse de nuevo la parte de arriba del vestido, en cuanto terminó de abotonarlo le dió un par de palmaditas en la espalda.
—Gracias, Bob —dijo girándose hacía él.
—No es nada.
Daniela sonrió y miró el cuadro a medio terminar, ahora no tenía muchas ganas de pintar, quería seguir hablando con Bob, se sentó en el borde de la cama y él hizo lo mismo. El hombre fijó su vista en el cuadro y no pudo evitar querer saciar su curiosidad.
—¿Te hubiera gustado ser artista?
La pregunta la tomó desprevenida, pero respondió encogiéndose de hombros.
—No lo sé. No soy buena realmente, creo que se me dan mejor las serpientes.
Bob asintió en señal de comprensión, aunque no opinaba lo mismo.
—Además estoy bien con ellas, son mis amigas.
—Definitivamente eres una en un millón —dijo acomodándose hacia atrás, apoyándose en la cama con las manos.
—Por algo terminé en una feria, soy un fenómeno —contestó con ironía, Bob rió ante eso.
—Sweetie, mereces algo mejor que estar en una feria, tal vez tener tu propio show de serpientes o lo que sea, incluso ser pintora te haría bien, una caravana no está a tu altura.
—Nah, estoy bien aquí… pareciera que quieres echarme —comentó fingiendo estar ofendida.
—Pff, no es eso, lo sabes. Sólo me desespera ver que desperdicias tu talento.
—... Opino lo mismo sobre ti.
Daniela lo dijo sin mirarlo, por si la volvía a cagar mencionando el tema, sin embargo quería hacerle saber a Bob que respetaba y admiraba su trabajo.
—Esos años dorados forman parte del pasado —dijo con una expresión seria en su rostro.
—Para mí no —respondió rápidamente, luego suavizó su voz—. Creo que tienes mucho talento, transformas tu dolor en arte, no cualquiera puede hacerlo, es una cualidad hermosa, sabes…
Bob sintió las mariposas revolotear en su estómago, que Daniela apreciara su trabajo era algo muy especial para él y lo llenaba de sentimientos que no debería estar sintiendo, pero que anhelaba desde que la conoció.
—Oh, para. Me estás sonrojando.
—Es la verdad.
—Aprecio que me lo digas, sweetie —dijo dando una pausa para mirar hacia el techo—. Cuando tenga listo mi nuevo número serás la primera en verlo.
—¿Un nuevo show?¿Por qué no me dijiste antes? —preguntó tratando de contener su emoción, era una buena noticia.
—Aún no tengo nada preparado, tardaré un tiempo antes de que ocurra, Ingrid será parte también.
—Suena maravilloso.
Bob sonrió como no lo había hecho en días y la miró.
—Sabía que te gustaría saberlo.
Daniela y Robert siguieron hablando por un par de horas más sin prestarle atención al tiempo, el hombre se retiró de la caravana bien entrada la noche al recordar que Ingrid podría estar buscándolo y no quería preocuparla, ella lo despidió con la mano y lo observó irse por un par de minutos hasta que estuvo lo suficientemente lejos, cerró la puerta dirigiéndose a su habitación, el olor de Bob seguía ahí, tanto como su calidez y el confort de sus palabras. Esa noche durmió tranquila.