- Mensajes
- 204
- Puntos de reacción
- 91
- Puntos
- 229
-No puedo ir -dijo Nanami, soltando un suspiró pesado- mi familia quiere conocer a Hiromi, lo siento.
Suguru negó con la cabeza, haciendo un gesto con su mano para quitarle la importancia a la situación.
-No te preocupes, sé que han estado esperando esto. Es importante. Un gran paso.
-Sí, pero... Tú cumpleaños también es importante -Nanami suspiró, poniendo su mochila en su hombro- lamento perdérmelo.
-Ya te dije que no importa, podemos festejar después.
-Esta bien... Adiós -Nanami dijo mientras asentía, sonriendo un poco mientras comenzaba a caminar lejos, tomando su celular para asegurarse de que estaba a tiempo para llegar al tren que Hiromi y él debían tomar.
Suguru lo miró alejarse, antes de soltar un suspiró pesado, recargándose en una de las paredes cercanas, mirando su propio celular.
-Carajo -susurró, mirando el mensaje de Shoko, avisándole que ni Utahime o ella podrían pasar el día con él tampoco.
Cerró los ojos, no quería parecer dramático, porque sabía que era una tontería ponerse triste por eso, tenía 24, esta situación era estúpida.
Suguru negó con la cabeza, tomando su propia mochila y algunas muestras de telas que tenía en la mesa, antes de ir fuera de la universidad, caminando hacia la parada de autobuses mientras revisaba su celular con indiferencia, buscando con que distraer su mente.
No encontró nada.
Suponía que pasaría su cumpleaños terminando de diseñar su próxima exposición para la clase.
Suguru negó con la cabeza, haciendo un gesto con su mano para quitarle la importancia a la situación.
-No te preocupes, sé que han estado esperando esto. Es importante. Un gran paso.
-Sí, pero... Tú cumpleaños también es importante -Nanami suspiró, poniendo su mochila en su hombro- lamento perdérmelo.
-Ya te dije que no importa, podemos festejar después.
-Esta bien... Adiós -Nanami dijo mientras asentía, sonriendo un poco mientras comenzaba a caminar lejos, tomando su celular para asegurarse de que estaba a tiempo para llegar al tren que Hiromi y él debían tomar.
Suguru lo miró alejarse, antes de soltar un suspiró pesado, recargándose en una de las paredes cercanas, mirando su propio celular.
-Carajo -susurró, mirando el mensaje de Shoko, avisándole que ni Utahime o ella podrían pasar el día con él tampoco.
Cerró los ojos, no quería parecer dramático, porque sabía que era una tontería ponerse triste por eso, tenía 24, esta situación era estúpida.
Suguru negó con la cabeza, tomando su propia mochila y algunas muestras de telas que tenía en la mesa, antes de ir fuera de la universidad, caminando hacia la parada de autobuses mientras revisaba su celular con indiferencia, buscando con que distraer su mente.
No encontró nada.
Suponía que pasaría su cumpleaños terminando de diseñar su próxima exposición para la clase.
(…)
Suguru tarareaba al ritmo de "Bohemian Rhapsody" mientras bordaba en el vestido que entregaría como tarea, antes de que su celular sonará.
Le acaba de llegar una notificación de Tinder lo que lo hizo soltar un suspiró pesado. Sabía que había caído bastante bajo al instalar una aplicación de citas.
Pero aún así tomo el celular y lo comenzó a revisar, mirando con curiosidad el perfil de la persona con la que acaba de hacer match.
Lo rechazó inmediatamente cuando miró que su foto de perfil era la de una maldita polla totalmente erecta.
Negó con la cabeza y salió de la aplicación, no sin antes dar de baja su cuenta.
Sin embargo, no pudo volver a bordar con tranquilidad, de repente, el silencio se hizo mucho más pesado en su departamento.
Soltó un suspiró y salió casi corriendo del departamento.
-¿Enserio rentaste a alguien? -logró escuchar mientras se detenían, esperando que el semáforo cambiara.
-¡No lo digas tan alto!
-Pero lo hiciste.
-Sí... Realmente necesito a alguien para ir a esa boda o voy a estar escuchando preguntas de todos sobre la pareja que dije que tenía.
Suguru miró a los adolescentes irse, ¿Alquilar a alguien? ¿Eso se hacía?
Volvió a caminar cuando sintió un suave empujón en su hombro, pero la idea no dejo su mente. Su cumpleaños era mañana, tal vez él también podría hacer eso... ¿Podría rentar a alguien? ¿Era legal hacer eso?
Se sentó en el parque cercano a su apartamento, jugando con el borde de su suéter para ordenar sus pensamientos.
Finalmente tomo el celular y entró al navegador, mordiendo el interior de su mejilla, pensando en como debía buscar como rentar a alguien.
'Rentar un novio' escribió con rapidez, pero los resultados solo eran foros diciendo que era rentar a alguien.
Sin nada más que perder, entró a la primera opción y comenzó a leer.
Y era más fácil de lo que él había creído.
Aunque costaba más de lo que había pensando. Suguru se llevó una mano al cabello, pensando si era una buena idea.
Se sentía solo, claro, pero, ¿Su soledad tenía que tener un costo tan alto?
Con los dedos un poco temblorosos, entro al link que había al final del foro, siendo enviado inmediatamente hacia otro sitio web, donde los perfiles de las personas comenzaron a aparecer.
Hombres, mujeres, gente hermosa... Y cada uno con un costo más alto.
Algunos cobraban por hora, otros por día, también por lo que llegaban a hacer.
Salir a caminar era lo más barato que había, tomar de la mano tenía un monto extra, los besos subían mucho el precio y tener relaciones podría dejar prácticamente a alguien en la ruina.
Deslizo su dedo por los perfiles, ni siquiera tenía que bajar tanto para encontrar a alguien que lo dejo pasmado.
-Guau -susurró, mirando fijamente la foto del hombre, tenía su edad, y su albinismo lo hacia destacar incluso en una sola foto.
Y el precio era tan accesible que era irreal. Excepto para tener sexo, eso sí tenía un precio alto. Incluso vivía en Kioto, a pocas horas de dónde él estaba.
Con la emoción creciendo en su pecho, empezó a llenar la solicitud para rentar a 'Satoru'.
Era raro pensar que estaba a punto de rentar a alguien, pero miraba la foto de Satoru y las dudas de iban tan rápido como llegaban.
Le acaba de llegar una notificación de Tinder lo que lo hizo soltar un suspiró pesado. Sabía que había caído bastante bajo al instalar una aplicación de citas.
Pero aún así tomo el celular y lo comenzó a revisar, mirando con curiosidad el perfil de la persona con la que acaba de hacer match.
Lo rechazó inmediatamente cuando miró que su foto de perfil era la de una maldita polla totalmente erecta.
Negó con la cabeza y salió de la aplicación, no sin antes dar de baja su cuenta.
Sin embargo, no pudo volver a bordar con tranquilidad, de repente, el silencio se hizo mucho más pesado en su departamento.
Soltó un suspiró y salió casi corriendo del departamento.
-¿Enserio rentaste a alguien? -logró escuchar mientras se detenían, esperando que el semáforo cambiara.
-¡No lo digas tan alto!
-Pero lo hiciste.
-Sí... Realmente necesito a alguien para ir a esa boda o voy a estar escuchando preguntas de todos sobre la pareja que dije que tenía.
Suguru miró a los adolescentes irse, ¿Alquilar a alguien? ¿Eso se hacía?
Volvió a caminar cuando sintió un suave empujón en su hombro, pero la idea no dejo su mente. Su cumpleaños era mañana, tal vez él también podría hacer eso... ¿Podría rentar a alguien? ¿Era legal hacer eso?
Se sentó en el parque cercano a su apartamento, jugando con el borde de su suéter para ordenar sus pensamientos.
Finalmente tomo el celular y entró al navegador, mordiendo el interior de su mejilla, pensando en como debía buscar como rentar a alguien.
'Rentar un novio' escribió con rapidez, pero los resultados solo eran foros diciendo que era rentar a alguien.
Sin nada más que perder, entró a la primera opción y comenzó a leer.
Y era más fácil de lo que él había creído.
Aunque costaba más de lo que había pensando. Suguru se llevó una mano al cabello, pensando si era una buena idea.
Se sentía solo, claro, pero, ¿Su soledad tenía que tener un costo tan alto?
Con los dedos un poco temblorosos, entro al link que había al final del foro, siendo enviado inmediatamente hacia otro sitio web, donde los perfiles de las personas comenzaron a aparecer.
Hombres, mujeres, gente hermosa... Y cada uno con un costo más alto.
Algunos cobraban por hora, otros por día, también por lo que llegaban a hacer.
Salir a caminar era lo más barato que había, tomar de la mano tenía un monto extra, los besos subían mucho el precio y tener relaciones podría dejar prácticamente a alguien en la ruina.
Deslizo su dedo por los perfiles, ni siquiera tenía que bajar tanto para encontrar a alguien que lo dejo pasmado.
-Guau -susurró, mirando fijamente la foto del hombre, tenía su edad, y su albinismo lo hacia destacar incluso en una sola foto.
Y el precio era tan accesible que era irreal. Excepto para tener sexo, eso sí tenía un precio alto. Incluso vivía en Kioto, a pocas horas de dónde él estaba.
Con la emoción creciendo en su pecho, empezó a llenar la solicitud para rentar a 'Satoru'.
Era raro pensar que estaba a punto de rentar a alguien, pero miraba la foto de Satoru y las dudas de iban tan rápido como llegaban.
(…)
No había podía dormir, la solicitud aún no había sido aceptada. Estaba nervioso al pensar que podría ser rechazada.
Se dio la vuelta en la cama, tomando su celular para seguir viendo la foto de Satoru, estaba completamente atraído hacia él.
Comenzó a leer los comentarios de su perfil una vez más, solo para matar el tiempo.
'Es la mejor cita que he tenido en mi vida'.
'Es mucho más hermoso en persona'.
'No me importaría perder todo mi dinero si pudiera tenerlo conmigo por más tiempo'.
'Cuándo tenga el suficiente dinero, pediré todos los servicios, ¡Una cita no fue suficiente'.
'Lo amo'.
'Mi propuesta para casarnos sigue en pie, niño bonito. Sabes que te trataría bien'.
Suguru se detuvo de golpe, no había visto ese comentario antes, y por alguna razón lo hizo sentir un poco de asco.
Sabía que rentar a Satoru era solo una fantasía, un momento donde podría fingir tener a alguien, pero tal vez Satoru había tenido malas experiencias con eso.
Levantó la mirada cuando una notificación entrante llegó a su celular, su corazón se detuvo cuando la leyó.
Se sentó en la cama, respirando con una suave agitación. Satoru había aceptado. ¡Satoru había aceptado!
Respiró hondo, no quería verse tan desesperado, incluso si estaba solo.
Sabía que era su cumpleaños y teóricamente debía ser Satoru quien lo 'consintiera' a él, pero quería darle una buena experiencia a Satoru.
Estaba decidido a tener la mejor cita de todas.
Se dio la vuelta en la cama, tomando su celular para seguir viendo la foto de Satoru, estaba completamente atraído hacia él.
Comenzó a leer los comentarios de su perfil una vez más, solo para matar el tiempo.
'Es la mejor cita que he tenido en mi vida'.
'Es mucho más hermoso en persona'.
'No me importaría perder todo mi dinero si pudiera tenerlo conmigo por más tiempo'.
'Cuándo tenga el suficiente dinero, pediré todos los servicios, ¡Una cita no fue suficiente'.
'Lo amo'.
'Mi propuesta para casarnos sigue en pie, niño bonito. Sabes que te trataría bien'.
Suguru se detuvo de golpe, no había visto ese comentario antes, y por alguna razón lo hizo sentir un poco de asco.
Sabía que rentar a Satoru era solo una fantasía, un momento donde podría fingir tener a alguien, pero tal vez Satoru había tenido malas experiencias con eso.
Levantó la mirada cuando una notificación entrante llegó a su celular, su corazón se detuvo cuando la leyó.
Se sentó en la cama, respirando con una suave agitación. Satoru había aceptado. ¡Satoru había aceptado!
Respiró hondo, no quería verse tan desesperado, incluso si estaba solo.
Sabía que era su cumpleaños y teóricamente debía ser Satoru quien lo 'consintiera' a él, pero quería darle una buena experiencia a Satoru.
Estaba decidido a tener la mejor cita de todas.
(…)
"¿Dónde quieres reunirte?"
Suguru miró su celular, sonriendo mientras leía, sacó su cepillo de dientes de su boca y comenzó a contestar.
"¿Shibuya esta bien?"
"Esta perfecto, cumpleañero :)".
La sonrisa de Suguru creció, comenzando a arreglar su cabello antes de salir de la casa para ir a tomar el autobús.
—¿Hola? —dijo Suguru, contestando la llamada mientras caminaba hacia Shibuya una vez bajo del autobús.
—Feliz cumpleaños —escuchó la voz de Nanami, sacándole una sonrisa divertida.
—¿Tan mal te esta yendo presentando a Hiromi qué me llamas para evitar afrontarlo?
—Para que lo sepas, mis padres amaron a Hiromi. Muchas gracias.
—¿Entonces por qué me llamas?
—¿Por qué soy un buen amigo?
—Mmm —Suguru exagero, antes de sonreír— sí, gracias. Me alegra que llamaras.
—¿Te la estás pasando bien?
—Por supuesto.
—Bien —dijo Nanami con suavidad, pero después de eso no supo que más decir.
—¡Feliz cumpleaños! —Suguru detuvo su caminata cuando el confeti cayó en su cabello, sacándole un suave salto de sorpresa.
Giró su cabeza y su respiración se entrecortó en cuanto vio a Satoru.
—¿Suguru?
Suguru ni siquiera se tomo la molestia de contestar, solo colgó la llamada y miró la brillante sonrisa de Satoru.
—Usualmente cobro esto, pero, como es tu cumpleaños lo haré gratis —dijo Satoru, atrapando a Suguru en un abrazo cariñoso.
Suguru tuvo que respirar hondo para no explotar de la emoción en ese momento. Regreso el abrazo de Satoru con suavidad, el perfume que el albino tenía llegando rápidamente hacia su nariz.
Olía a fresas.
—Te voy a empezar a cobrar si no me sueltas —escuchó la voz divertida de Satoru, aunque el albino no hacia mucho para soltarse.
Aún así, una sonrisa se formo en los labios de Suguru mientras se separaba del abrazo. Debía hacerlo bien, sin que Satoru se incomodará.
—Entonces... —Satoru dijo con una sonrisa cuando Suguru lo soltó— ¿A dónde vamos a ir?
—Oh, cierto, sí —Suguru contestó, respirando hondo unos segundos para calmar sus nervios. Guío a Satoru por las calles, en un cómodo silencio que realmente no quería romper.
—¿Un arcade? ¿En serio? —preguntó Satoru con una sonrisa de diversión, mirando a Suguru con la ceja alzada.
Usualmente lo llevaban a restaurantes caros, a pistas de hielo, o a fiestas, pero nunca a un arcade.
—Tenía el presupuesto un poco... Limitado —explicó con un poco de vergüenza, le hubiera gustado llevarlo a un mejor lugar para la cita, pero todo estaba bastante lejos de su presupuesto.
Satoru le sonrió, comenzando a estirarte.
—Te advierto: Soy increíble en esto. Vas a perder cada uno de los juegos.
Suguru sonrió, relajándose, antes de entrar al lugar. Las luces neón chocando contra sus ojos.
Satoru lo seguía de cerca, comenzando a ponerse unas gafas de sol mientras Suguru escogía uno de los juegos.
—Muy bien, cumpleañero —dijo Satoru cuando Suguru le entregó una de las monedas, la hizo girar entre sus dedos antes de ponerla en la máquina de baile que tenían enfrente— no te pongas a llorar cuando te gané en esto.
—No puedes ser tan bueno como dices —Suguru provoco con suavidad, posicionándose en su lugar mientras escogía una canción.
—Te sorprendería escuchar mi lista de habilidades —Satoru susurró en voz baja, guiñándole un ojo, haciendo que Suguru lo mirará fijamente luego de presionar el botón de inicio.
¿Eso había sido una indirecta? Suguru negó con la cabeza, comenzando a mover las piernas cuando el sonido que marcaba sus errores en el juego comenzaron a ser demasiados.
Satoru reía mientras daba una de las vueltas, sus gafas moviéndose hacia la punta de su nariz mientras su cabello se movía a los lados.
—Eso es jugar muy sucio —Suguru murmuro de mala gana, Satoru lo había hecho a propósito, lo había puesto nervioso para ganar.
—Igual funciona.
Suguru respiró hondo, sin querer quedarse atrás, comenzando a mover las piernas con más rapidez cuando la melodía acelero, haciendo que la mirada de Satoru se fijará en él.
Los bíceps de Suguru se marcaban cuando se agarraba de los barrotes.
—¿Disfrutando de la vista? —se burló Suguru cuando los movimientos de Satoru disminuyeron, la vista del albino fijamente en sus brazos.
—Que bíceps tan grandes tienes, me gusta mucho —Satoru le coqueteo libremente al fin, recargándose en uno de los barrotes, los errores comenzando a ser bastante notorios en su pantalla al dejar de bailar.
Suguru resbaló casi patéticamente en la plataforma apenas escuchó lo que Satoru dijo, haciendo que el albino riera un poquito antes de apresurarse a ayudarlo para que no quedará tirado.
—¿Por qué te pones nervioso? ¿No te lo dicen con frecuencia?
—Claro que me lo dicen —se quejó Suguru, y sí se lo decían, aunque nunca lo puso nervioso porque, bueno, a él no le atraían esas personas, pero Satoru definitivamente lo hacia. Mucho.
Se alejaron del juego un poco, la pantalla mostrando que Suguru había ganado por un margen grande de diferencia, incluso cuando empezó tan mal y terminó tropezando al final.
—¿Me recuerdas que dijiste? ¿Qué me ibas a ganar?
Satoru lo miró con la ceja alzada, antes de sonreír con suavidad y recargarse contra Suguru.
—Tienes suerte de que me gusten las personas como tu.
Suguru sintió su rostro calentarse un poco, pero respiró hondo y lo disimulo con una risita, esperando que las luces neón disimularan sus mejillas rojas.
—Estoy seguro de que ganaría más peluches que tu en las máquinas de garras.
Suguru sonrió, siguiendo a Satoru, quién había comenzado a correr por los pasillos para llegar a la otra esquina del lugar.
Satoru esta vez sí gano más peluches que él, tantos que no le era posible mantenerlos todos en brazos.
—Te van a correr de aquí si sigues vaciando las máquinas así —Suguru le dijo con una sonrisa, recargando su barbilla en su mano, mirando como la cara de Satoru se iluminaba un poco cuando gano otro peluche.
—Aw, ¿No me salvarías?
—Claro que lo haría. Y entonces ambos seríamos vetados de aquí.
Satoru le sonrió, antes de poner la última moneda que tenía para sacar otro peluche, pero no lo logró esta vez.
Tomó la mitad de los peluches y los dejó en los brazos de Suguru, antes de tomar los que quedaban para llevarlos.
—Hay que llevarlos a mi auto, no dejaré que los niños aquí les pongan una mano en mis peluches.
Suguru sonrió mientras seguía a Satoru, asegurándose de llevar los peluches sin que ninguno se cayera.
—¿Tienes algo contra los niños?
—Con los que se quieren llevar a mis peluches, sí.
Suguru soltó una risita, colocando los peluches en los asientos traseros, pero su sonrisa desapareció un poco cuando se dio cuenta de que hora era, ¿Por qué el tiempo había pasado tan rápido?
Ya se había acabado el tiempo que había rentado a Satoru.
—¿En que viniste? —Satoru preguntó con una sonrisa, subiendo al asiento del conductor.
—Uh... En autobús —Suguru susurró con un poco de vergüenza.
—Sube, te llevo —Satoru le hizo un movimiento con la mano, antes de palmear con suavidad en el asiento.
—Ah, no, no, no tengo dinero para pagarte eso...
—No te estoy cobrado —Satoru dijo con una sonrisa— me divertí.
—¿No me vas a cobrar por qué... Te divertiste?
—Exactamente.
Suguru terminó por asentir, subiendo al auto con un poco de nervios, mirando a los lados.
Pero el trayecto fue más tranquilo, los nervios desapareciendo de a poco mientras le daba instrucciones a Satoru para llegar a su apartamento.
—¿Puedo preguntarte algo, Satoru?
—Hum… Claro, dispara.
—¿Por qué cobras al rentarte?
Satoru lo miró un momento, antes de regresar su vista a la carretera.
—Me gusta conocer gente.
—¿Es todo?
—Sí, no hay mucho que explicar, me gusta conocer gente y me la paso bien. Así que lo hago, aunque algunas citas son algo... Incomodas, aunque una vez me llevaron a una boda y me pagaron para que gritará que me oponía. Fue divertido. Teniendo en cuenta que nadie ahí me conocía.
—¿Enserio interrumpiste una boda así?
—¡Trabajo es trabajo! Y si no trabajará aquí, no hubiera tenido la oportunidad de conocerte.
—Eso es cursi.
—¿Cursi? ¿Discúlpame?
—Lo eres, admítelo.
—¡Jamás!
Suguru soltó una risita, mirando como la sonrisa de Satoru hacia que su facciones se volvieran más suaves.
Carajo. Satoru era demasiado lindo para ser real.
—Aunque, claro, los guardias me sacaron de la boda.
Suguru soltó una nueva risita, hundiendo los pensamientos del aspecto de Satoru en lo más profundo de se mente. Sabía que era imposible que algo así pasará de todos modos.
—Me imagino, los novios no estuvieron muy felices, ¿No?
—La novia me arrojó el ramo, mal movimiento si me lo preguntas, yo hubiera lanzado una copa de vidrio o algo así, no flores.
Satoru finalmente detuvo el auto, mirando el complejo de apartamentos al que Suguru lo había llevado.
—¿Qué tan pequeña es tu casa?
—Eh... Bueno, el departamento es solo para una persona, no es grande.
—¿Puedo entrar a verlo?
—¿Por qué querrías entrar a ver un departamento?
—Nunca he visto un lugar tan pequeño para vivir desde adentro —Satoru le explicó, sonriendo mientras desabrochaba su cinturón— ¿Entonces? ¿Puedo?
—Sí —contestó Suguru, sin pensarlo mucho— pero te vas a decepcionar cuando entres.
Satoru levantó los hombros, saliendo del auto y esperando a Suguru.
—No puede ser tan malo, ¿O si?
Era malo. Muy malo.
Satoru no podía creerlo, ¿Quién podría vivir en un lugar tan pequeño? Debería ser un delito tener tan poco espacio para ti mismo.
Suguru estalló en carcajadas sin poder evitarlo cuando miró la expresión de Satoru, claro, era rico, seguramente lo más pequeño que había en su casa era el cuarto para su mascota.
Luego de un momento, Satoru fingió una sonrisa, poniendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Es muy... Cálido —dijo Satoru, murmurando, antes de mirar a los lados— ¿Vives solo?
—Sí, solo yo —contestó Suguru, recargándose en la pared mientras observaba a Satoru.
—Parece muy solo aquí.
Suguru levantó los hombros.
—Pensé que tu también vivías solo.
—Sí, pero yo estoy solo en mi mansión, no es esta pocilga.
—Guau —susurró Suguru, negando con la cabeza antes de soltar un suspiró— supongo que ya deberías irte, entonces.
Satoru giró su cabeza para verlo, suavemente confundido.
—¿Te molestaste?
—No, no, pero ya deberías estar en tu mansión.
—Te molestaste.
—Ya te dije que no.
Satoru se acercó, rozando sus dedos con los de Suguru y recargándose en la pared, al lado de Suguru y cuando este se quiso alejar, tomo su brazo, atrayéndolo hacia él, ocasionando que las manos de Suguru se presionaran a ambos lados de su cabeza.
Suguru parpadeo con lentitud, mirando de cerca el rostro de Satoru, quien ahora estaba en atrapado entre sus brazos.
—Esto... —susurró Suguru con una expresión nerviosa, tratando de alejarse, pero los brazos de Satoru rodearon su cuello con una sonrisa.
—¿No te gusto?
—¿Qué?
—¿No te gusto? —preguntó Satoru otra vez, con una ceja alzada esta vez.
—Eh, s-sí, sí, me gustas, pero...
—Tú me gustas, Suguru.
—Esto se esta poniendo un poco... Raro.
Satoru sonrió, acercando un poco más su rostro al de Suguru.
El corazón de Suguru se aceleró apenas los labios de Satoru se posaron sobre los de él, un estremecimiento recorriendo su cuerpo, erizando el cabello de su nuca. No creyó sentir tanto por un beso, pero aquí estaba, sintiendo incluso las piernas débiles.
—Yo... No tengo dinero para esto.
Satoru resopló, rodando los ojos mientras guiaba a Suguru a la cama.
—No estoy haciendo esto por dinero.
—¿Entonces? ¿Te... Te di lastima?
—Para nada. Me gustas. Mucho.
Suguru estaba por cuestionar sus razones una vez más, pero las palabras no salieron de su boca cuando Satoru comenzó a caminar hacia la cama, sus propias manos dejando el frio contacto de la pared para posarse en el toque cálido de la cintura de Satoru.
Satoru se dejó caer en la cama, soltando una risita mientras miraba a Suguru con la cabeza inclinada.
—A menos que no quieras —aclaró, recargándose en sus codos.
—¡Sí quiero! Pero... ¿Seguro que tu quieres?
Satoru levantó una ceja, mirándose a si mismo, él pensó que estar recostado en la cama con las piernas abiertas indicaba algo.
—Bueno, como no fueron claras mis intenciones... Sí, Suguru, quiero.
—No entiendo porqué... —susurró Suguru, pero se arrodillo en la cama, acomodándose entre las piernas abiertas de Satoru.
—¿Te has visto al espejo?
Suguru soltó una pequeña risita, inclinándose más cerca y dejando un beso en la mejilla de Satoru.
—Sí, me he visto en el espejo.
—Y ahí tienes la respuesta —contestó Satoru, soltando una pequeña risita cuando sintió el aliento de Suguru chocar contra su mandíbula, antes de sentir sus labios contra su cuello, lo que le sacó un suave suspiró— sabes que puedes tocarme, ¿Verdad?
Suguru asintió, sonriendo cuando sintió las manos de Satoru subir por su espalda, debajo de su camisa, haciendo que cada de piel que tocaba se erizara.
Con la mano suavemente temblorosa, tocó la cintura de Satoru, pasando por debajo de su camisa para tocar su estómago.
Podía sentir un poco de músculos formados ahí, no tenía por completo un six-pack, pero tampoco estaba demasiado plano.
Subió un poco más la mano, sonriendo al sentir el suspiró que le arrebato a Satoru cuando su mano choco contra su pecho, acariciando con suavidad su pezón, el cual no tardó en ponerse erecto ante su toque.
—Eres algo sensible.
Satoru rodó los ojos, apretando un poco su agarre en la espalda de Suguru.
—No soy sensible, solo... Ha pasado tiempo.
Suguru asintió, fingiendo que le creía mientras bajaba la cabeza, comenzando a besar nuevamente el cuello de Satoru, bajando hasta su pecho una vez sus manos terminaron de desabotonar su camisa, dejando un suave beso en su pechó antes de succionar un poco.
—Carajo... Suguru —susurró Satoru, arañando un poco la espalda de Suguru cuando este le dio un pequeño mordisco alrededor del pezón.
Una sonrisa se extendió por la boca de Suguru cuando escuchó el gemido que salió de los labios de Satoru, se sentía mucho más relajado ahora.
Deslizo sus manos hacia abajo, tocando las cadera su cadera y jugando con el botón de los pantalones del albino, levantando un poco la cabeza para buscar la aprobación del otro.
Satoru asintió, sonriendo mientras subía la cadera para que su pantalón bajara cuando Suguru tiró de el.
—Tienes protección, ¿Verdad?
Suguru asintió con rapidez, alejándose un poco para buscar en uno de los cajones, sacando un lubricante y un paquete de condones que aún no había abierto.
—Avísame si te duele —Suguru le dijo con suavidad, terminando de quitar los bóxer de Satoru y quitándose su propia camisa, desabrochando sus pantalones.
La mirada de Satoru bajó, observando el abdomen formado de Suguru y como sus músculos se marcaban más cuando tomo sus muslos para abrirlos.
Sintió como un poco de color subía por su cara ante ese último movimiento, sus piernas temblando un poco en anticipación.
No despegó la mirada cuando Suguru abrió el lubricante y puso una generosa porción en su dedo indice y corazón, pero cerró los ojos cuando los sintió contra su trasero, respirando hondo para relajar su cuerpo.
El dedo indice de Suguru no tardó en entrar a su trasero, haciéndolo soltar un jadeo, acomodándose un poco más en la cama para que Suguru tuviera una mejor manera de entrar.
Suguru miró su cara suavemente fruncida y bajo la cabeza hacia su miembro, lamiendo un poco la punta.
—¡Ah! —dijo Satoru con la espalda arqueada cuando Suguru comenzó a lamer su pene, se sentía bien. El dedo indice que seguía dentro de su trasero comenzando a hacer movimientos circulares.
Suguru sonrió, abriendo más la boca para chupar con suavidad el miembro de Satoru, sacándole otro gemido junto a un estremecimiento cuando su lengua se mantuvo en su punta, jugando con ella mientras su mano libre iba directo hacia sus testículos, masajeándolos.
—¡Suguru! Mierda... Se siente bien...
Suguru volvió a sonreír, bajando y subiendo la cabeza para que Satoru tuviera placer, sus manos sin dejar de moverse.
Cada gemido, suspiró y jadeó que salían de la boca de Satoru hacían que el bulto en sus calzoncillos estuviera más apretado, ansiando poder tener el mismo placer que ofrecía.
Pero el placer de Satoru era primero. Quería que Satoru la pasará bien primero.
La mano de Satoru se aferró un poco a la sábana, sintiendo como sus piernas se tensaban, su espalda de arqueo una vez más cuando Suguru paso su lengua por la punta de su miembro, jugando con ella un momento.
Los tres dedos de que Suguru ahora tenía dentro de su trasero lo estaban llevando al límite, y cuando rozaron ese punto débil dentro de él, Satoru podría haber jurado que había visto estrellas por un momento.
—S-suguru... Si sigues así, yo, voy, ¡Voy a...! —las palabras de Satoru se esfumaron en el aire, siendo suplantadas por un gemido.
Su espalda se arqueó mientras sus piernas se volvían a tensar, los dedos de Suguru ni siquiera se detuvieron, aún tocando deliberadamente dentro de él y su boca atrapó su miembro por completo, haciendo que su semen fuera a parar directo a la garganta de Suguru.
Satoru suspiró temblorosamente, sus piernas temblando con suavidad, sus ojos luchando por abrirse cuando sintió a Suguru levantarse un poco de la cama.
—¿A dónde vas?
—Creo que escuché la puerta —susurró Suguru, haciendo que Satoru soltará un resoplido.
—Sí, claro, debe ser eso.
Suguru lo miro con una sonrisa apenada, y enserio no quería alejarse, porque claro que era una excusa.
Sabía que era lo que probablemente seguía, pero estaba algo nervioso de no hacerlo bien.
—Suguru —llamó Satoru luego de unos segundos, su voz aún un poco temblorosa— ¿No quieres?
—¿No quiero qué?
—No te hagas el tonto. ¿No quieres tener sexo conmigo?
—Sí quiero —dijo Suguru, regresando a la cama, sentándose en el borde.
—¿Entonces? —Satoru cuestionó nuevamente, extendiendo un brazo y haciendo que Suguru se recostara a su lado, quedando semi-arriba de él.
—Nunca lo he hecho con... Tu sabes...
—Oh —Satoru, sin poder evitarlo, soltó una risita— no parecía así hace tres minutos.
—Sé la teoría y... Tengo más o menos práctica, pero nunca hasta este punto.
Satoru sonrió, levantando la mano para acariciar la mejilla de Suguru.
—Yo me encargo.
—¿Eh?
Suguru soltó un jadeó cuando Satoru cambió las posiciones, quedando arriba de él mientras se ponía a horcadas sobre su regazo.
Satoru sonrió, comenzando a quitar el calzoncillo de Suguru y sonreír al ver su miembro erecto, sintiendo su propio deseo crecer.
—Yo tengo algo de experiencia —dijo Satoru, tomando el paquete de condones y tomando uno— aunque debo decir que nunca con alguien de tu... Talla.
Suguru rió un poco, suspirando con suavidad cuando la mano de Satoru agarro su pene, comenzando a poner el condón.
—¿Gracias?
Satoru se unió a sus risitas, tomando el lubricante para aplicar un poco más encima del condón.
Dejo de reír un momento, respirando hondo mientras usaba su mano para acomodar el miembro de Suguru, asegurándose de que comenzara a entrar en él mientras lo soltaba, tratando de aferrarse a algo.
Se detuvo un momento, soltando un suave suspiró, Suguru definitivamente se sentía bien, incluso cuando aún no estaba por completo dentro.
Un estremecimiento lo recorrió cuando volvió a bajar, las manos de Suguru agarrando su cintura para ayudarlo a bajar.
—¿E-estás bien? —Suguru preguntó, sus palabras saliendo temblorosas de sus labios.
Satoru asintió mientras recargaba sus manos en el pecho de Suguru, comenzando a levantar las caderas una vez más, quería ir más rápido, pero sabía que debía ir lento, al menos por ahora o su cuerpo se quejaría en la mañana.
—Estoy bien, solo necesito un momento.
Suguru asintió, mordiendo su labio para controlarse.
Su mente estaba en el cielo. Su cuerpo estaba en el cielo. Satoru lo estaba llevando al cielo y apenas estaban comenzando.
Una vez que las embestidas lentas fueron suficiente, Satoru sonrió, tomando las manos de Suguru para tener soporte, comenzando a aumentar el paso.
Suguru hecho la cabeza hacia atrás, mordiendo su labio. Satoru estaba demasiado apretado, incluso cuando ya no debería de estarlo tanto. Se sentía tan bien.
Las caderas de Satoru comenzaron a moverse un poco más rápido, tratando de encontrar un ritmo fijo que hiciera que los dos se sintieran bien.
—L-la cadera, levanta la cadera cuando baje —Satoru le instruyó, recibiendo un suave asentimiento por parte de Suguru, quién comenzó a hacer lo pedido.
La cama comenzó a rechinar en protesta cuando ambos se dejaron llevar, la cabecera de la cama chocando contra la pared, haciendo que el ruido resonara en la habitación, combinándose con los jadeos, gemidos y el sonido de sus pieles chocando.
—¿Te gusta? —preguntó Satoru con suavidad— ¿Te gusta verme así?
Suguru asintió, sus manos apretando la cadera de Satoru, haciendo que suaves marcas rojas se marcarán ahí, seguramente se quedaría así unos días y eso lo emociono más.
Satoru jadeó cuando las manos de Suguru lo mantuvieron suavemente elevado en el aire, su cadera subiendo y bajando, penetrando a Satoru con rapidez.
Las manos de Satoru buscaron a que aferrarse cuando Suguru aceleró nuevamente el ritmo, sus músculos se tensaban a cada embestida. El placer le estaba comenzando a nublar un poco la mente y podía sentir como estaba cerca de su clímax.
Sus movimientos se volvieron más salvajes, más urgentes. La habitación resonaba con los sonidos de piel contra piel, y sus gemidos llenaban el aire, entre pequeños balbuceos de ambos, susurrando el nombre del contrarío.
El sudor brillaba en sus cuerpos, Satoru sentía sus piernas temblar mientras Suguru seguía entrando y saliendo de él, cuando el miembro de Suguru volvió a chocar contra su punto G, Satoru fue incapaz de contenerse más.
—¡Suguru! —gritó Satoru, sintiendo como sus piernas se tensaban cuando el orgasmo, su cuerpo temblando con suavidad mientras un gemido profundo escapaba de su garganta, Suguru se seguía moviendo dentro de él, y entre más se apretaba Satoru contra él, estaba más cerca de llegar a su propio clímax.
—Satoru —susurró Suguru, atrayendo el cuerpo de Satoru y mordiendo con suavidad su hombro para acallar sus gemidos.
Satoru jadeó unos segundos más, antes de quitarse de encima de Suguru con un pequeño temblor, dejándose caer a su lado.
—¿Estás bien? —Suguru le dijo con suavidad.
Satoru asintió, respirando hondo para lograr encontrar las palabras adecuadas.
—Se sintió... Muy bien.
Suguru sonrió, acercando la mano hacia Satoru, acariciando su cadera con suavidad, ahí, donde las marcas de sus propios dedos habían quedado.
—Me alegró. También me gusto... Mucho.
Satoru enterró su cabeza en su la almohada, soltando un suspiró pesado, sus ojos suavemente cansados, no recordaba que un orgasmo lo cansará tan rápido.
—¿Tienes sueño?
—Más o menos, sí.
—Pero quieres ir a tu mansión, ¿Verdad?
Satoru sonrió con diversión, asomando un poco su rostro por la almohada, mirando a Suguru unos segundos.
—Debería —admitió, antes de soltar un suspiró bastante exagerado, el cual terminó con su cabeza recargada en el pecho de Suguru— pero estoy tan cansado.
Suguru sonrió, moviendo un poco su mano para quitar el condón que seguía en su pene, dejándolo con cuidado en el piso, antes de abrazar a Satoru contra él.
—Supongo que podría dejar que te quedes.
Satoru sonrió, frotando su cabeza con suavidad en el pecho de Suguru, se sentía bien que lo abrazarán así, hacia mucho no le pasaba.
—Vaya, gracias.
Suguru miró su celular, sonriendo mientras leía, sacó su cepillo de dientes de su boca y comenzó a contestar.
"¿Shibuya esta bien?"
"Esta perfecto, cumpleañero :)".
La sonrisa de Suguru creció, comenzando a arreglar su cabello antes de salir de la casa para ir a tomar el autobús.
—¿Hola? —dijo Suguru, contestando la llamada mientras caminaba hacia Shibuya una vez bajo del autobús.
—Feliz cumpleaños —escuchó la voz de Nanami, sacándole una sonrisa divertida.
—¿Tan mal te esta yendo presentando a Hiromi qué me llamas para evitar afrontarlo?
—Para que lo sepas, mis padres amaron a Hiromi. Muchas gracias.
—¿Entonces por qué me llamas?
—¿Por qué soy un buen amigo?
—Mmm —Suguru exagero, antes de sonreír— sí, gracias. Me alegra que llamaras.
—¿Te la estás pasando bien?
—Por supuesto.
—Bien —dijo Nanami con suavidad, pero después de eso no supo que más decir.
—¡Feliz cumpleaños! —Suguru detuvo su caminata cuando el confeti cayó en su cabello, sacándole un suave salto de sorpresa.
Giró su cabeza y su respiración se entrecortó en cuanto vio a Satoru.
—¿Suguru?
Suguru ni siquiera se tomo la molestia de contestar, solo colgó la llamada y miró la brillante sonrisa de Satoru.
—Usualmente cobro esto, pero, como es tu cumpleaños lo haré gratis —dijo Satoru, atrapando a Suguru en un abrazo cariñoso.
Suguru tuvo que respirar hondo para no explotar de la emoción en ese momento. Regreso el abrazo de Satoru con suavidad, el perfume que el albino tenía llegando rápidamente hacia su nariz.
Olía a fresas.
—Te voy a empezar a cobrar si no me sueltas —escuchó la voz divertida de Satoru, aunque el albino no hacia mucho para soltarse.
Aún así, una sonrisa se formo en los labios de Suguru mientras se separaba del abrazo. Debía hacerlo bien, sin que Satoru se incomodará.
—Entonces... —Satoru dijo con una sonrisa cuando Suguru lo soltó— ¿A dónde vamos a ir?
—Oh, cierto, sí —Suguru contestó, respirando hondo unos segundos para calmar sus nervios. Guío a Satoru por las calles, en un cómodo silencio que realmente no quería romper.
—¿Un arcade? ¿En serio? —preguntó Satoru con una sonrisa de diversión, mirando a Suguru con la ceja alzada.
Usualmente lo llevaban a restaurantes caros, a pistas de hielo, o a fiestas, pero nunca a un arcade.
—Tenía el presupuesto un poco... Limitado —explicó con un poco de vergüenza, le hubiera gustado llevarlo a un mejor lugar para la cita, pero todo estaba bastante lejos de su presupuesto.
Satoru le sonrió, comenzando a estirarte.
—Te advierto: Soy increíble en esto. Vas a perder cada uno de los juegos.
Suguru sonrió, relajándose, antes de entrar al lugar. Las luces neón chocando contra sus ojos.
Satoru lo seguía de cerca, comenzando a ponerse unas gafas de sol mientras Suguru escogía uno de los juegos.
—Muy bien, cumpleañero —dijo Satoru cuando Suguru le entregó una de las monedas, la hizo girar entre sus dedos antes de ponerla en la máquina de baile que tenían enfrente— no te pongas a llorar cuando te gané en esto.
—No puedes ser tan bueno como dices —Suguru provoco con suavidad, posicionándose en su lugar mientras escogía una canción.
—Te sorprendería escuchar mi lista de habilidades —Satoru susurró en voz baja, guiñándole un ojo, haciendo que Suguru lo mirará fijamente luego de presionar el botón de inicio.
¿Eso había sido una indirecta? Suguru negó con la cabeza, comenzando a mover las piernas cuando el sonido que marcaba sus errores en el juego comenzaron a ser demasiados.
Satoru reía mientras daba una de las vueltas, sus gafas moviéndose hacia la punta de su nariz mientras su cabello se movía a los lados.
—Eso es jugar muy sucio —Suguru murmuro de mala gana, Satoru lo había hecho a propósito, lo había puesto nervioso para ganar.
—Igual funciona.
Suguru respiró hondo, sin querer quedarse atrás, comenzando a mover las piernas con más rapidez cuando la melodía acelero, haciendo que la mirada de Satoru se fijará en él.
Los bíceps de Suguru se marcaban cuando se agarraba de los barrotes.
—¿Disfrutando de la vista? —se burló Suguru cuando los movimientos de Satoru disminuyeron, la vista del albino fijamente en sus brazos.
—Que bíceps tan grandes tienes, me gusta mucho —Satoru le coqueteo libremente al fin, recargándose en uno de los barrotes, los errores comenzando a ser bastante notorios en su pantalla al dejar de bailar.
Suguru resbaló casi patéticamente en la plataforma apenas escuchó lo que Satoru dijo, haciendo que el albino riera un poquito antes de apresurarse a ayudarlo para que no quedará tirado.
—¿Por qué te pones nervioso? ¿No te lo dicen con frecuencia?
—Claro que me lo dicen —se quejó Suguru, y sí se lo decían, aunque nunca lo puso nervioso porque, bueno, a él no le atraían esas personas, pero Satoru definitivamente lo hacia. Mucho.
Se alejaron del juego un poco, la pantalla mostrando que Suguru había ganado por un margen grande de diferencia, incluso cuando empezó tan mal y terminó tropezando al final.
—¿Me recuerdas que dijiste? ¿Qué me ibas a ganar?
Satoru lo miró con la ceja alzada, antes de sonreír con suavidad y recargarse contra Suguru.
—Tienes suerte de que me gusten las personas como tu.
Suguru sintió su rostro calentarse un poco, pero respiró hondo y lo disimulo con una risita, esperando que las luces neón disimularan sus mejillas rojas.
—Estoy seguro de que ganaría más peluches que tu en las máquinas de garras.
Suguru sonrió, siguiendo a Satoru, quién había comenzado a correr por los pasillos para llegar a la otra esquina del lugar.
Satoru esta vez sí gano más peluches que él, tantos que no le era posible mantenerlos todos en brazos.
—Te van a correr de aquí si sigues vaciando las máquinas así —Suguru le dijo con una sonrisa, recargando su barbilla en su mano, mirando como la cara de Satoru se iluminaba un poco cuando gano otro peluche.
—Aw, ¿No me salvarías?
—Claro que lo haría. Y entonces ambos seríamos vetados de aquí.
Satoru le sonrió, antes de poner la última moneda que tenía para sacar otro peluche, pero no lo logró esta vez.
Tomó la mitad de los peluches y los dejó en los brazos de Suguru, antes de tomar los que quedaban para llevarlos.
—Hay que llevarlos a mi auto, no dejaré que los niños aquí les pongan una mano en mis peluches.
Suguru sonrió mientras seguía a Satoru, asegurándose de llevar los peluches sin que ninguno se cayera.
—¿Tienes algo contra los niños?
—Con los que se quieren llevar a mis peluches, sí.
Suguru soltó una risita, colocando los peluches en los asientos traseros, pero su sonrisa desapareció un poco cuando se dio cuenta de que hora era, ¿Por qué el tiempo había pasado tan rápido?
Ya se había acabado el tiempo que había rentado a Satoru.
—¿En que viniste? —Satoru preguntó con una sonrisa, subiendo al asiento del conductor.
—Uh... En autobús —Suguru susurró con un poco de vergüenza.
—Sube, te llevo —Satoru le hizo un movimiento con la mano, antes de palmear con suavidad en el asiento.
—Ah, no, no, no tengo dinero para pagarte eso...
—No te estoy cobrado —Satoru dijo con una sonrisa— me divertí.
—¿No me vas a cobrar por qué... Te divertiste?
—Exactamente.
Suguru terminó por asentir, subiendo al auto con un poco de nervios, mirando a los lados.
Pero el trayecto fue más tranquilo, los nervios desapareciendo de a poco mientras le daba instrucciones a Satoru para llegar a su apartamento.
—¿Puedo preguntarte algo, Satoru?
—Hum… Claro, dispara.
—¿Por qué cobras al rentarte?
Satoru lo miró un momento, antes de regresar su vista a la carretera.
—Me gusta conocer gente.
—¿Es todo?
—Sí, no hay mucho que explicar, me gusta conocer gente y me la paso bien. Así que lo hago, aunque algunas citas son algo... Incomodas, aunque una vez me llevaron a una boda y me pagaron para que gritará que me oponía. Fue divertido. Teniendo en cuenta que nadie ahí me conocía.
—¿Enserio interrumpiste una boda así?
—¡Trabajo es trabajo! Y si no trabajará aquí, no hubiera tenido la oportunidad de conocerte.
—Eso es cursi.
—¿Cursi? ¿Discúlpame?
—Lo eres, admítelo.
—¡Jamás!
Suguru soltó una risita, mirando como la sonrisa de Satoru hacia que su facciones se volvieran más suaves.
Carajo. Satoru era demasiado lindo para ser real.
—Aunque, claro, los guardias me sacaron de la boda.
Suguru soltó una nueva risita, hundiendo los pensamientos del aspecto de Satoru en lo más profundo de se mente. Sabía que era imposible que algo así pasará de todos modos.
—Me imagino, los novios no estuvieron muy felices, ¿No?
—La novia me arrojó el ramo, mal movimiento si me lo preguntas, yo hubiera lanzado una copa de vidrio o algo así, no flores.
Satoru finalmente detuvo el auto, mirando el complejo de apartamentos al que Suguru lo había llevado.
—¿Qué tan pequeña es tu casa?
—Eh... Bueno, el departamento es solo para una persona, no es grande.
—¿Puedo entrar a verlo?
—¿Por qué querrías entrar a ver un departamento?
—Nunca he visto un lugar tan pequeño para vivir desde adentro —Satoru le explicó, sonriendo mientras desabrochaba su cinturón— ¿Entonces? ¿Puedo?
—Sí —contestó Suguru, sin pensarlo mucho— pero te vas a decepcionar cuando entres.
Satoru levantó los hombros, saliendo del auto y esperando a Suguru.
—No puede ser tan malo, ¿O si?
Era malo. Muy malo.
Satoru no podía creerlo, ¿Quién podría vivir en un lugar tan pequeño? Debería ser un delito tener tan poco espacio para ti mismo.
Suguru estalló en carcajadas sin poder evitarlo cuando miró la expresión de Satoru, claro, era rico, seguramente lo más pequeño que había en su casa era el cuarto para su mascota.
Luego de un momento, Satoru fingió una sonrisa, poniendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Es muy... Cálido —dijo Satoru, murmurando, antes de mirar a los lados— ¿Vives solo?
—Sí, solo yo —contestó Suguru, recargándose en la pared mientras observaba a Satoru.
—Parece muy solo aquí.
Suguru levantó los hombros.
—Pensé que tu también vivías solo.
—Sí, pero yo estoy solo en mi mansión, no es esta pocilga.
—Guau —susurró Suguru, negando con la cabeza antes de soltar un suspiró— supongo que ya deberías irte, entonces.
Satoru giró su cabeza para verlo, suavemente confundido.
—¿Te molestaste?
—No, no, pero ya deberías estar en tu mansión.
—Te molestaste.
—Ya te dije que no.
Satoru se acercó, rozando sus dedos con los de Suguru y recargándose en la pared, al lado de Suguru y cuando este se quiso alejar, tomo su brazo, atrayéndolo hacia él, ocasionando que las manos de Suguru se presionaran a ambos lados de su cabeza.
Suguru parpadeo con lentitud, mirando de cerca el rostro de Satoru, quien ahora estaba en atrapado entre sus brazos.
—Esto... —susurró Suguru con una expresión nerviosa, tratando de alejarse, pero los brazos de Satoru rodearon su cuello con una sonrisa.
—¿No te gusto?
—¿Qué?
—¿No te gusto? —preguntó Satoru otra vez, con una ceja alzada esta vez.
—Eh, s-sí, sí, me gustas, pero...
—Tú me gustas, Suguru.
—Esto se esta poniendo un poco... Raro.
Satoru sonrió, acercando un poco más su rostro al de Suguru.
El corazón de Suguru se aceleró apenas los labios de Satoru se posaron sobre los de él, un estremecimiento recorriendo su cuerpo, erizando el cabello de su nuca. No creyó sentir tanto por un beso, pero aquí estaba, sintiendo incluso las piernas débiles.
—Yo... No tengo dinero para esto.
Satoru resopló, rodando los ojos mientras guiaba a Suguru a la cama.
—No estoy haciendo esto por dinero.
—¿Entonces? ¿Te... Te di lastima?
—Para nada. Me gustas. Mucho.
Suguru estaba por cuestionar sus razones una vez más, pero las palabras no salieron de su boca cuando Satoru comenzó a caminar hacia la cama, sus propias manos dejando el frio contacto de la pared para posarse en el toque cálido de la cintura de Satoru.
Satoru se dejó caer en la cama, soltando una risita mientras miraba a Suguru con la cabeza inclinada.
—A menos que no quieras —aclaró, recargándose en sus codos.
—¡Sí quiero! Pero... ¿Seguro que tu quieres?
Satoru levantó una ceja, mirándose a si mismo, él pensó que estar recostado en la cama con las piernas abiertas indicaba algo.
—Bueno, como no fueron claras mis intenciones... Sí, Suguru, quiero.
—No entiendo porqué... —susurró Suguru, pero se arrodillo en la cama, acomodándose entre las piernas abiertas de Satoru.
—¿Te has visto al espejo?
Suguru soltó una pequeña risita, inclinándose más cerca y dejando un beso en la mejilla de Satoru.
—Sí, me he visto en el espejo.
—Y ahí tienes la respuesta —contestó Satoru, soltando una pequeña risita cuando sintió el aliento de Suguru chocar contra su mandíbula, antes de sentir sus labios contra su cuello, lo que le sacó un suave suspiró— sabes que puedes tocarme, ¿Verdad?
Suguru asintió, sonriendo cuando sintió las manos de Satoru subir por su espalda, debajo de su camisa, haciendo que cada de piel que tocaba se erizara.
Con la mano suavemente temblorosa, tocó la cintura de Satoru, pasando por debajo de su camisa para tocar su estómago.
Podía sentir un poco de músculos formados ahí, no tenía por completo un six-pack, pero tampoco estaba demasiado plano.
Subió un poco más la mano, sonriendo al sentir el suspiró que le arrebato a Satoru cuando su mano choco contra su pecho, acariciando con suavidad su pezón, el cual no tardó en ponerse erecto ante su toque.
—Eres algo sensible.
Satoru rodó los ojos, apretando un poco su agarre en la espalda de Suguru.
—No soy sensible, solo... Ha pasado tiempo.
Suguru asintió, fingiendo que le creía mientras bajaba la cabeza, comenzando a besar nuevamente el cuello de Satoru, bajando hasta su pecho una vez sus manos terminaron de desabotonar su camisa, dejando un suave beso en su pechó antes de succionar un poco.
—Carajo... Suguru —susurró Satoru, arañando un poco la espalda de Suguru cuando este le dio un pequeño mordisco alrededor del pezón.
Una sonrisa se extendió por la boca de Suguru cuando escuchó el gemido que salió de los labios de Satoru, se sentía mucho más relajado ahora.
Deslizo sus manos hacia abajo, tocando las cadera su cadera y jugando con el botón de los pantalones del albino, levantando un poco la cabeza para buscar la aprobación del otro.
Satoru asintió, sonriendo mientras subía la cadera para que su pantalón bajara cuando Suguru tiró de el.
—Tienes protección, ¿Verdad?
Suguru asintió con rapidez, alejándose un poco para buscar en uno de los cajones, sacando un lubricante y un paquete de condones que aún no había abierto.
—Avísame si te duele —Suguru le dijo con suavidad, terminando de quitar los bóxer de Satoru y quitándose su propia camisa, desabrochando sus pantalones.
La mirada de Satoru bajó, observando el abdomen formado de Suguru y como sus músculos se marcaban más cuando tomo sus muslos para abrirlos.
Sintió como un poco de color subía por su cara ante ese último movimiento, sus piernas temblando un poco en anticipación.
No despegó la mirada cuando Suguru abrió el lubricante y puso una generosa porción en su dedo indice y corazón, pero cerró los ojos cuando los sintió contra su trasero, respirando hondo para relajar su cuerpo.
El dedo indice de Suguru no tardó en entrar a su trasero, haciéndolo soltar un jadeo, acomodándose un poco más en la cama para que Suguru tuviera una mejor manera de entrar.
Suguru miró su cara suavemente fruncida y bajo la cabeza hacia su miembro, lamiendo un poco la punta.
—¡Ah! —dijo Satoru con la espalda arqueada cuando Suguru comenzó a lamer su pene, se sentía bien. El dedo indice que seguía dentro de su trasero comenzando a hacer movimientos circulares.
Suguru sonrió, abriendo más la boca para chupar con suavidad el miembro de Satoru, sacándole otro gemido junto a un estremecimiento cuando su lengua se mantuvo en su punta, jugando con ella mientras su mano libre iba directo hacia sus testículos, masajeándolos.
—¡Suguru! Mierda... Se siente bien...
Suguru volvió a sonreír, bajando y subiendo la cabeza para que Satoru tuviera placer, sus manos sin dejar de moverse.
Cada gemido, suspiró y jadeó que salían de la boca de Satoru hacían que el bulto en sus calzoncillos estuviera más apretado, ansiando poder tener el mismo placer que ofrecía.
Pero el placer de Satoru era primero. Quería que Satoru la pasará bien primero.
La mano de Satoru se aferró un poco a la sábana, sintiendo como sus piernas se tensaban, su espalda de arqueo una vez más cuando Suguru paso su lengua por la punta de su miembro, jugando con ella un momento.
Los tres dedos de que Suguru ahora tenía dentro de su trasero lo estaban llevando al límite, y cuando rozaron ese punto débil dentro de él, Satoru podría haber jurado que había visto estrellas por un momento.
—S-suguru... Si sigues así, yo, voy, ¡Voy a...! —las palabras de Satoru se esfumaron en el aire, siendo suplantadas por un gemido.
Su espalda se arqueó mientras sus piernas se volvían a tensar, los dedos de Suguru ni siquiera se detuvieron, aún tocando deliberadamente dentro de él y su boca atrapó su miembro por completo, haciendo que su semen fuera a parar directo a la garganta de Suguru.
Satoru suspiró temblorosamente, sus piernas temblando con suavidad, sus ojos luchando por abrirse cuando sintió a Suguru levantarse un poco de la cama.
—¿A dónde vas?
—Creo que escuché la puerta —susurró Suguru, haciendo que Satoru soltará un resoplido.
—Sí, claro, debe ser eso.
Suguru lo miro con una sonrisa apenada, y enserio no quería alejarse, porque claro que era una excusa.
Sabía que era lo que probablemente seguía, pero estaba algo nervioso de no hacerlo bien.
—Suguru —llamó Satoru luego de unos segundos, su voz aún un poco temblorosa— ¿No quieres?
—¿No quiero qué?
—No te hagas el tonto. ¿No quieres tener sexo conmigo?
—Sí quiero —dijo Suguru, regresando a la cama, sentándose en el borde.
—¿Entonces? —Satoru cuestionó nuevamente, extendiendo un brazo y haciendo que Suguru se recostara a su lado, quedando semi-arriba de él.
—Nunca lo he hecho con... Tu sabes...
—Oh —Satoru, sin poder evitarlo, soltó una risita— no parecía así hace tres minutos.
—Sé la teoría y... Tengo más o menos práctica, pero nunca hasta este punto.
Satoru sonrió, levantando la mano para acariciar la mejilla de Suguru.
—Yo me encargo.
—¿Eh?
Suguru soltó un jadeó cuando Satoru cambió las posiciones, quedando arriba de él mientras se ponía a horcadas sobre su regazo.
Satoru sonrió, comenzando a quitar el calzoncillo de Suguru y sonreír al ver su miembro erecto, sintiendo su propio deseo crecer.
—Yo tengo algo de experiencia —dijo Satoru, tomando el paquete de condones y tomando uno— aunque debo decir que nunca con alguien de tu... Talla.
Suguru rió un poco, suspirando con suavidad cuando la mano de Satoru agarro su pene, comenzando a poner el condón.
—¿Gracias?
Satoru se unió a sus risitas, tomando el lubricante para aplicar un poco más encima del condón.
Dejo de reír un momento, respirando hondo mientras usaba su mano para acomodar el miembro de Suguru, asegurándose de que comenzara a entrar en él mientras lo soltaba, tratando de aferrarse a algo.
Se detuvo un momento, soltando un suave suspiró, Suguru definitivamente se sentía bien, incluso cuando aún no estaba por completo dentro.
Un estremecimiento lo recorrió cuando volvió a bajar, las manos de Suguru agarrando su cintura para ayudarlo a bajar.
—¿E-estás bien? —Suguru preguntó, sus palabras saliendo temblorosas de sus labios.
Satoru asintió mientras recargaba sus manos en el pecho de Suguru, comenzando a levantar las caderas una vez más, quería ir más rápido, pero sabía que debía ir lento, al menos por ahora o su cuerpo se quejaría en la mañana.
—Estoy bien, solo necesito un momento.
Suguru asintió, mordiendo su labio para controlarse.
Su mente estaba en el cielo. Su cuerpo estaba en el cielo. Satoru lo estaba llevando al cielo y apenas estaban comenzando.
Una vez que las embestidas lentas fueron suficiente, Satoru sonrió, tomando las manos de Suguru para tener soporte, comenzando a aumentar el paso.
Suguru hecho la cabeza hacia atrás, mordiendo su labio. Satoru estaba demasiado apretado, incluso cuando ya no debería de estarlo tanto. Se sentía tan bien.
Las caderas de Satoru comenzaron a moverse un poco más rápido, tratando de encontrar un ritmo fijo que hiciera que los dos se sintieran bien.
—L-la cadera, levanta la cadera cuando baje —Satoru le instruyó, recibiendo un suave asentimiento por parte de Suguru, quién comenzó a hacer lo pedido.
La cama comenzó a rechinar en protesta cuando ambos se dejaron llevar, la cabecera de la cama chocando contra la pared, haciendo que el ruido resonara en la habitación, combinándose con los jadeos, gemidos y el sonido de sus pieles chocando.
—¿Te gusta? —preguntó Satoru con suavidad— ¿Te gusta verme así?
Suguru asintió, sus manos apretando la cadera de Satoru, haciendo que suaves marcas rojas se marcarán ahí, seguramente se quedaría así unos días y eso lo emociono más.
Satoru jadeó cuando las manos de Suguru lo mantuvieron suavemente elevado en el aire, su cadera subiendo y bajando, penetrando a Satoru con rapidez.
Las manos de Satoru buscaron a que aferrarse cuando Suguru aceleró nuevamente el ritmo, sus músculos se tensaban a cada embestida. El placer le estaba comenzando a nublar un poco la mente y podía sentir como estaba cerca de su clímax.
Sus movimientos se volvieron más salvajes, más urgentes. La habitación resonaba con los sonidos de piel contra piel, y sus gemidos llenaban el aire, entre pequeños balbuceos de ambos, susurrando el nombre del contrarío.
El sudor brillaba en sus cuerpos, Satoru sentía sus piernas temblar mientras Suguru seguía entrando y saliendo de él, cuando el miembro de Suguru volvió a chocar contra su punto G, Satoru fue incapaz de contenerse más.
—¡Suguru! —gritó Satoru, sintiendo como sus piernas se tensaban cuando el orgasmo, su cuerpo temblando con suavidad mientras un gemido profundo escapaba de su garganta, Suguru se seguía moviendo dentro de él, y entre más se apretaba Satoru contra él, estaba más cerca de llegar a su propio clímax.
—Satoru —susurró Suguru, atrayendo el cuerpo de Satoru y mordiendo con suavidad su hombro para acallar sus gemidos.
Satoru jadeó unos segundos más, antes de quitarse de encima de Suguru con un pequeño temblor, dejándose caer a su lado.
—¿Estás bien? —Suguru le dijo con suavidad.
Satoru asintió, respirando hondo para lograr encontrar las palabras adecuadas.
—Se sintió... Muy bien.
Suguru sonrió, acercando la mano hacia Satoru, acariciando su cadera con suavidad, ahí, donde las marcas de sus propios dedos habían quedado.
—Me alegró. También me gusto... Mucho.
Satoru enterró su cabeza en su la almohada, soltando un suspiró pesado, sus ojos suavemente cansados, no recordaba que un orgasmo lo cansará tan rápido.
—¿Tienes sueño?
—Más o menos, sí.
—Pero quieres ir a tu mansión, ¿Verdad?
Satoru sonrió con diversión, asomando un poco su rostro por la almohada, mirando a Suguru unos segundos.
—Debería —admitió, antes de soltar un suspiró bastante exagerado, el cual terminó con su cabeza recargada en el pecho de Suguru— pero estoy tan cansado.
Suguru sonrió, moviendo un poco su mano para quitar el condón que seguía en su pene, dejándolo con cuidado en el piso, antes de abrazar a Satoru contra él.
—Supongo que podría dejar que te quedes.
Satoru sonrió, frotando su cabeza con suavidad en el pecho de Suguru, se sentía bien que lo abrazarán así, hacia mucho no le pasaba.
—Vaya, gracias.
(…)
Satoru se removió en la cama, mirando a los lados para recordar dónde estaba, una suave sonrisa extendiéndose por sus labios cuando sintió como el brazo de Suguru le acariciaba la cadera.
—Buenos días —susurró Suguru con suavidad, frotando su rostro con su antebrazo, la luz que entraba por la ventana no era realmente bienvenida en ese momento.
—Demasiado temprano —contestó Satoru, volviendo a enterrar su cabeza en el pecho de Suguru.
No estaba dispuesto a apartarse en ese momento. Se quedaría ahí todo el tiempo que quisiera.
—Buenos días —susurró Suguru con suavidad, frotando su rostro con su antebrazo, la luz que entraba por la ventana no era realmente bienvenida en ese momento.
—Demasiado temprano —contestó Satoru, volviendo a enterrar su cabeza en el pecho de Suguru.
No estaba dispuesto a apartarse en ese momento. Se quedaría ahí todo el tiempo que quisiera.