One-Shot Cállame (Beyblade Burst | Daina (Daigo)/Kensuke)

Historia corta en la sección de literatura

Cállame (Beyblade Burst | Daina (Daigo)/Kensuke)

Fandom
Beyblade Burst
Pareja
Daina (Daigo)/Kensuke
Relacion
  1. Slash
Genero
  1. Romance
  2. Fluff
Clasificación
Público General
Advertencias
Daina puede ser un poco creppy
Sinopsis
Ken y Daina tienen un encuentro por San Valentín y, como casi toda pareja, se dedican a hacerse pequeñas bromas el uno al otro.

HollowCtrlN

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29 Ago 2025
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8
Ubicación
Argentina 🧉🥟
«Mi musa no está en la prosa,
mas si es por tu cariño,
un guiño de amor alentador será suficiente.

Ante tan endulzadas palabras,
las hadas mi lengua han encantado.
Y el ladrido de Keru y Besu
como un coro acompañan este poema.

Qué dilema es sin marionetas no poder hablar a veces,
aun así eso no evita que mi corazón libremente fluya.
Aleluya grita al poder escribir y decir lo mucho que te amo.»

Daina acababa de leer el poema que Ken le acababa de entregar por San Valentín ese año. Cursi, ¿pero quién no cae en ello al menos una vez cuando se enamora?

—No son chocolates como el año pasado ¿pero te gusta? —Sonrió Ken detrás de sus marionetas.

—Ken —Apoyó su cabeza contra su pecho—, no necesitas darme regalos enormes o caros para mostrarme que me quieres. Eso es parte del amor.

—Eso es cierto, parquita —Ken sonrió y lo abrazó.

—A veces quisiera ser tu marioneta —confesó de repente.

—¿Qué? —aquella frase descolocó totalmente a Ken.

—Para estar siempre abrazado a ti, tontito —Rio.

—Un peluche lo hacía sonar menos extraño —Rio un poco nervioso.

—Sí, tal vez —Se llevó una mano a la cabeza—. Pero eres más de marionetas.

—Buen punto —reconoció mirando a Keru y Besu—. ¿Y tú qué sorpresa nos tienes? —preguntó con Keru.

Daina tomó de detrás de él, en la banca donde se encontraban, una bolsa de papel de la cual sacó una cadena rosada como la de Kerbeus con tres dijes: una flama roja y un perro verde con un corazón plateado en el centro. Ken lo tomó con cuidado entre sus manos.

—Es precioso —Miró más de cerca los dijes—. ¿Lo hiciste tú?

—En parte. Tuve que comprar materiales de aerógrafo y pintar cada pieza una a una antes de ensamblar el collar.

Ken abrió mucho los ojos al escuchar eso, estaba hablando de decenas de eslabones de la cadena desarmados, pintados y vueltos a armar uno por uno.

—Te luciste —Enseguida se colocó el collar y buscó en su imaginación de titiritero alguna frase como la de Daina hace un momento—. Me pregunto de qué más serán capaces esas manos.

Daina se puso rojo como su bandana.

—Me refiero al arte y todo lo que te esfuerzas en hacer algo por los demás, mal pensado.

—Ah… claro —Sonrió apenado—. Me atrapaste.

—Tú lo hiciste con las marionetas hace un momento —respondió divertido por su reacción.

—Pero no con doble sentido —Le dio un codazo amistoso.

—Buen punto. ¿Vamos por un helado para enfriarte? —preguntó con Besu— ¿O deberíamos buscar un cuarto?

—¡Ya deja de molestarme! —contestó enrojecido otra vez.

—A ver, intenta callarnos —provocó Keru con sus bracitos cruzados, algo imposible si pensamos en la anatomía de los dedos.

Daina agarró a Ken de la cabeza y lo besó de repente, dándole igual si estaban en público, aunque no parecía haber nadie fijándose en ellos; estaban más ocupados con sus parejas o sus teléfonos mientras caminaban.

Ken primero abrió mucho los ojos y se le aceleró el corazón, para luego cerrarlos y dejarse llevar por el beso y las cálidas manos de Daina en su rostro.

—¿Con eso es suficiente? —preguntó embelesado.

—Mmm… —Sonrió con picardía— tal vez uno más.

—Te daré los que hagan falta —contestó Daina antes de continuar con el segundo beso y Ken volvió a abrazarlo—. Tal vez sí sea tu marioneta —Soltó entre sus besos.

—¿Y eso por qué? —murmuró Ken, quien todavía encontraba extraña, y algo escalofriante, esa analogía.

—Te amo tanto que haría cualquier cosa que me digas.

—Así es el amor —Acarició el cabello de Daina en un intento por dejar de lado esa comparación—, haces todo lo que está a tu alcance por esa persona especial.

—Entonces soy la marioneta del mejor titiritero del mundo.

—Ya deja eso —soltó nervioso aunque tratara de tomarlo con humor—, me siento raro pensando en ti de esa manera.

—Cállame entonces, maestro —burló antes de que Ken le regresara la jugada de callarlo con besos.
 
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