Capitulo 1. Descubrimiento
El suave sabor de la vainilla llenaba el paladar del joven Yoshiki, como su helado favorito no pedía nada más. No le agradaban los sabores intensos ni inusuales. Los helados excesivamente dulces le causaban malestar, por lo que siempre ha preferido la sutil simpleza de la vainilla, necesitaba poco para contentarse y sus amistades tampoco eran una excepción. Tenía pocos amigos y a uno de ellos lo conocía desde la infancia. Como los únicos chicos de esa edad en su pueblo se volvieron como uña y mugre, nunca se separaban y hasta los padres de ambos veían al amigo de su hijo como una parte más de ambas familias.
Volvió a probar su helado y suspiro mientras veía a Hikaru mordisquear su paleta. El chico albino pronto soltó un quejido por el frío en sus dientes. El calor del verano los animo a comparar algo refrescante en la tienda local sobre su camino de regreso a casa. Ambos muchachos quería desasearse del abrumador calor de sol, mientras descansaban algo en el pecho de Yoshiki lo dejaba intranquilo. Pensaba que fue un muy mal sueño, pero al mismo tiempo había algo que no encajaba en la forma de actuar de su amigo. Desde hacía casi medio año que esta actuaba mucho más infantil de lo normal. Como si fuera un niño fácil de impresionar y el ligero cambio en su tono de voz al hablar. Algo andaba mal y lo que vio aquella noche en el bosque no lo dejaba de perseguir cada que hablaba con Hikaru. Podría sonar como una broma, pero su amigo no parecía el mismo. Sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía lo que quedaba del cono que compro. Veía a las hormigas caminar en fila por el suelo. Sostuvo una vez más el aire y le hizo la pregunto a su amigo.
—Oye… ¿Puedo preguntarte algo raro?
—¿Qué? ¿Vas a declararme tu amor?
Yoshiki se detuvo un momento a considerarlo, tomo aire y lo dijo.
—Tú no eres Hikaru, ¿verdad?
La mitad del rostro de su amigo se derritió en ese mismo instante. Pedazos de la piel de Hikaru colgaron hasta casi tocar el suelo, casi como si cobraran vida, apéndices daban la impresión de querer envolver su rostro.
—¿Qué? Pensé que mi imitación era perfecta.
Un nudo en el estómago evito que Yoshiki saliera corriendo, Aquello que poseyó el cuerpo de Hikaru lo abrazaba. Un abrazo gélido, no sentía ni una pizca de calor corporal proveniente de su cuerpo. El chico monstruoso sollozaba a la vez que continuaba hablando.
—Por favor. No se lo digas a nadie —tomo aire para continuar—. Es mi primera vez viviendo como humano… disfrutando de ir a la escuela, amigos y el helado por primera vez. Aunque este cuerpo y personalidad sean de otra persona, me agrada… tú me agradas, en serio… —las lágrimas se escurrieron por las mejillas del chico mojando la camisa de Yoshiki—. Te lo pido, por favor, no quiero tener que matarte.
—…
Una sola lágrima escapó de los ojos de Yoshiki. Consternado por la confirmación que acababa de recibir y resignándose a la idea de que su mejor amigo se había ido para siempre. Lo medito un segundo, hundiéndose en su mente y considerando la loca idea de aceptar a este ser como un sustituto de Hikaru. Al menos por ahora estaba dispuesto a verlo de esa forma.
—Está bien, me da gusto conocerte "Hikaru".
◆
¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!
Las cigarras no dejaban de sonar, como están en pleno verano su sonido era habitual. Los chicos regresaban a casa después de la escuela, como si no hubiera pasado nada el día anterior, como si uno de ellos no fuera un monstruo. El pitido de la alerta del paso del tren sonó y los chicos se detuvieron frente a las vías al mismo tiempo que la barrera del ferrocarril les bloqueaba el paso. Ninguno de los dos jóvenes hablaba, el ambiente era demasiado incómodo como para hacerlo y el chirrido de las cigarras se volvía insoportable.
¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!
—Oye Yoshiki…
El chico albino se vio interrumpido por el tren qué pasaba frente a ellos. Los golpeteos del tren pasando sobre las vías parecieron eternos. Ambos chicos esperaban a que terminaran, pero aun después de que el tren se fuera no estaban listos para hablar. Los nervios de Hikaru estaban a mil por hora, a pesar de que Yoshiki le dijo que lo aceptaría siendo un monstruo, se mostraba frío y distante con él. Quería mantenerse creyendo que las palabras de su amigo eran ciertas y que no tendría que matarlo para que no delatara.
—Sabes, me gustaría que fuéramos a aquel arroyo donde jugábamos cuando éramos niños.
—¿Al arroyo? —pregunto "Hikaru".
—Sí, hay algo de lo que quiero hablar contigo.
Las palabras de Yoshiki eran frías y cortantes, poco usual de su parte, sobre todo tratándose de Hikaru, pero aquel con quien hablaba ya no era Hikaru.
—¿No estás enojado?
—No, ¿por qué lo estaría? —respondió Yoshiki.—Por lo de ayer creo…
—hizo una pausa, evito la mirada fija de Yoshiki. La incomodidad por mantenerse viéndolo a los ojos era demasiada, en especial porque desde la mañana Yoshiki lo ha estado mirando de una forma diferente. Más intensa, como si estuviera pensando constantemente en que era un impostor. Que lo era, pero aun así le dolía que eso fuera lo único que viera en él—, me preocupa que cambies de opinión —dijo "Hikaru".
—No te preocupes por eso, al contrario —dijo con una leve sonrisa forzada— me gustaría conocerte más.
Los ojos del chico albino se iluminaron al escuchar esas palabras. La emoción de que Yoshiki quisiera acercarse más a él a pesar de saber que no es humano, lo llenaba de felicidad, ahora podía estar tranquilo al saber que no lo delataría con nadie del pueblo y también podía pedirle que le enseñara a ser humano.
—Entonces puedo pedirte que me enseñes a como actuar más humano —dijo "Hikaru" mientras sonreía.
—No te preocupes, solo haz lo que te diga —respondió Yoshiki mientras una lágrima recorría su mejilla.
Los chicos se fueron a casa, acordando verse todos los días. Ambos felices por tener a alguien con quien llenar sus carencias, con "Hikaru" al no ser humano y con Yoshiki al no haber podido confesarle sus verdaderos sentimientos a su amigo mientras aún estaba con vida. Habiendo perdido a su mejor amigo y sintiendo un enorme vacío en su pecho. Aquel joven aún anhelaba estar a su lado, aunque no pudiera estarlo realmente. No podía soportarlo. Menos en Kubitachi, el pueblo era demasiado sofocante y no se sentía capaz de soportar las miradas de sus habitantes sin tener a su amigo para desahogarse, quedarse solo sería lo peor que pudiera pasarle y temía que pronto tuviera que enfrentarse a esa realidad. Aferrarse a este ser que lucia y hablaba exactamente igual que Hikaru es su único alivio. Tuvo toda la noche anterior para meditarlo con la almohada, decidió mantenerlo a su lado y tomar esto como una segunda oportunidad para expresar sus sentimientos como nunca antes se atrevió.
Podía ser que esta fuera su última oportunidad para hacerlo e intentar vivir el romance con el que siempre soñó. Al llegar a casa subió directamente a su habitación para dejarse caer rendido en cama. El agotamiento por no dormir y la escuela lo tenía adolorido. Siendo una persona que no solía ejercitarse solía dejarlo con menos energía que el resto de sus compañeros varones, algunos incluso se llegaban a burlarse de él por cansarse demasiado rápido en la clase de educación física, y el que tampoco tuviera habilidad para jugar en un deporte de equipo también lo relegaba a estar sentado en las bancas casi todo el tiempo. Al contrario de Hikaru que siempre se unía a los clubes de deportes y era de los primeros en la clase de educación física, algo que le dio un buen reconocimiento por parte del resto de sus compañeros de clase. Si no fuese porque ambos vivían en Kubitachi como los únicos niños de la misma edad, puede que nunca se hubieran hecho amigos en la escuela.
¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!
Los chirridos de las cigarras comenzaban a intensificarse. Con el cielo prácticamente oscureciendo y su madre abajo en la cocina «¡Yoshiki la cena esta lista!», grito su madre, el joven tuvo que reunir la poca energía que le quedaba para ir a cenar. Mientras se sacudía el sueño que se le estaba subiendo, escuchaba a las cigarras fuera sin parar.
¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!
El sonido retumbando en su cabeza.
¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!¡crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr crrr-crrr!
Cada vez más fuerte.
◆
Aún recordaba con vividez como comenzó a desarrollar sentimientos hacia Hikaru. Estaban en su penúltimo año de primaria, en sí nada había cambiado entre ellos, seguían teniendo las mismas interacciones sin anomalía alguna. Más bien lo que cambio fue el mismo Yoshiki, sentimientos de afecto que traspasaban la amistad y que lastimosamente hacían que el chico se sintiera aún más sofocado. No tuvo ninguna experiencia romántica durante losa años previos de la primaria y tampoco era un tema al que le prestara demasiada atención, solo había asumió que algún día sentiría atracción hacia alguna chica.
Hasta que no fue así.
Como resultado, empezó a verse a sí mismo con asco. Por un corto tiempo pensó que esos sentimientos desaparecerían si los reprimía, pero ese no fue el caso, su corazón siguió latiendo por la misma persona. Sin importar cuanto lo escondiera siguió sintiendo lo mismo y con el pasar de los años quedo perdidamente enamorado de Hikaru. Aunque no lo admitiera, su amigo se convirtió en algo más que un lugar seguro con quien desahogarse sobre lo entrometidos que llegaban a ser los vecinos. Un santuario al que acudía para sanarse y olvidarse de cada pizca de hollín en su vida. Solo se escondió mientras miraba de lejos el cabello blanco de su amigo bajo el sol. No poseía el coraje para aceptar que era homosexual y mucho menos para confesarse a su mejor amigo sus sentimientos; decidió mantenerlo en secreto para no alejarlo ni incomodarlo con su sentir. Como los únicos niños en el pueblo, han sido amigos desde que tenía memoria, mientras Hikaru ignorara completamente la relación de afecto unilateral que tenía era más que feliz. La seguridad de la ignorancia de este sobre ciertos temas le daba seguridad, no quería enfrentarse a la posibilidad de que Hikaru se alejará por ser de esa forma. La religión occidental ha influido mucho en la mentalidad de los habitantes del pueblo y sus propias familias no eran la excepción, aunque no lo mostrarán explícitamente seguía habiendo una expectativa sobre como deberían de ser cuando crecieran y formaran sus propias vidas. Un destino que no estaba seguro de ser capaz de cumplir.
Esa noche lloro de la impotencia. Lamentándose por nunca reunir el valor suficiente para al menos contárselo una de esas tantas tardes qué pasaron caminando de regreso a casa. El real Hikaru nunca volvería.
Pensó que sería egoísta cargarle ese pero a "Hikaru", que posiblemente le haga daño forzarlo a ser algo que no era. Físicamente luce igual que su antiguo amigo, pero hay pequeños cambios sutiles en su actitud qué los diferenciaban uno del otro. En todo ese tiempo que paso desde que aquello tomo el lugar de Hikaru pensó que era inusual qué fuera un tanto más infantil e ingenuo. Al principio no le dio importancia e intentaba pensar en otras cosas ignorando las diferencias. Termino en una esperanza inútil, ya no podía pretender qué no paso nada esa noche en la tormenta en la qué sé encontró el cadáver de su amigo.
No quería llegar lloriqueando a la escuela, como pudo se seco las lagrimas y se preparo para desayunar. Era una tentador intentar tener algo con aquello que suplanto a Hikaru. Puede que en esencia fuera solo un premio de consolación por quedarse solo en el pueblo, pero aun así quería estar con él, aunque fuera un monstruo prefiere quedarse a su lado que estar solo.
—Oye ¿Acaso yo te gusto?
—Si, me gustas —respondió "Hikaru" sin dudarlo—. Me gustas muchísimo.
Algo en su pecho burbujeo al recordar esas palabras, nunca antes ha escuchado a su amigo decirle algo parecido. Aunque no fuera realmente Hikaru era satisfactorio escuchar aquellas palabras con esa voz. Como un pequeño trozo de felicidad y deseo de seguir escuchando cosas similares, estaba dejando de importarle que no fuera su verdadero amigo si con eso tenia la posibilidad de continuar por este camino.
Ahora se sentía feliz de ver a "Hikaru" en la escuela.
Los chicos continuaron asistiendo a clases, como si no pasara nada mientras "Hikaru" se estaba acoplando sorprendentemente bien a las dinámicas sociales. El chico albino le pidió ayuda a Yoshiki para entender algunas situaciones en la escuela. A pesar de que ya habían pasado meses desde que remplazo a Hikaru y que tenia sus recuerdos seguía sin entender algunos conceptos humanos, como nunca antes había vivido como humano era como un niño en muchos sentidos; siempre estaba intentando comer cosas nuevas o interactuando con las personas de formas inconvenientes.
—¡Detente! —grito Yuki molesta—. ¡Te estoy diciendo que dejes de tocarme!, asqueroso —refunfuño alejándose de "Hikaru".
—Lo siento —dijo avergonzado.
No quiso intentar acercarse, aunque solo era abrazos Yuki estaba cansada de que a "Hikaru" se le pagara la manía de estar abrazando a todos en cualquier momento. Tal vez los otros decidiera tolerar ese comportamiento, pero ella ya estaba harta de que un hombre la tocara cuando a este se le antojara.
Miro con desdén a "Hikaru" y se fue pisando con fuerza, Asako corrió detrás de ella para calmarla mientras Maki y Yoshiki se quedaron en silencio observando la escena. "Hikaru" se veía fatal, como si el rechazo de su amiga lo hubiera dejado desilusionado de la vida. No era su intención hacer que se sintiera disgustada, solo le agradaba el contacto físico y más si era con sus amigos, quienes le agradaban.
Se rindió y no intento seguirla. No quería que lo odiara, aunque ya estaba pensando en alguna forma para que lo perdonara. Los chicos volvieron a casa, Maki resaltó su imprudencia al acercarse demasiado a las personas las hacia sentirse incomodas. Escuchar eso lo hizo preocuparse aun mas temiendo que el resto de sus amigos también se hartaran de él, los chicos le aseguraron que eso no pasaría, aunque también agradecería que respetara su espacio personal de ahora en adelante.
Después de que Maki volviera a casa "Hikaru" se armo de valor para volver a preguntarle a Yoshiki acerca de la importancia del espacio personal. Esto sorprende un poco a Yoshiki, pensaba que solo era una fase pasajera y que al igual que los recuerdos de Hikaru, "Hikaru" entendía ese concepto de facto.
—Pero no puedes estar hablando en serio, ¿me vas a decir que de verdad no entiendes porque no puedes tocar a la gente sin preguntar primero? —dijo Yoshiki extrañado.
—No es que realmente no lo entienda —respondió nervioso—, solo pensé que podía ser físicamente cercano a mis amigos de la misma forma qué lo era con mi familia, es decir con la familia de este cuerpo —tartamudeo un poco al decirlo—. Mamá parece feliz cuando le pido que me abracé, dice que parezco un niño pequeño y la verdad se siente bien esa sensación cálida qué tengo al abrazarla.
El chico no sabia si su amigo era demasiado adorable o ignorante. En ese sentido entendería que buscará constantemente el afecto de sus familiares y amigos, pero aun así de cierta forma le parecía imprudente dejarlo creer que podía acercarse a cualquiera a pedir abrazos a pesar de que como mínimo lo conocieran.
—Solo deja de comportarte así con personas externas a tu familia —aseguro Yoshiki—. Es posible acercarse de esa forma a tu familia porque se supone que ellos cuidan de uno desde que eres un bebe. Aunque Maki y las chicas sean tus amigos y les agrades no son así de cercanos, tienen limites con el contacto físico si se trata de alguien que no es familia —tomo un poco de aire antes de terminar—. A Yuki se le pasara el enojo si la dejas tranquila y respetas su espacio personal, ¿Entiendes? —sonrió levemente al decirlo.
El chico albino sonrió igualmente dando a entender que capto la idea.
—Yoshiki, ¿a ti te molesta que te toque? —pregunto "Hikaru".
—Para nada, tu puedes tocarme cuando quieras.
Yoshiki asintió y ambos continuaron caminando mientras hablaban sobre la escuela. "Hikaru" parecía muy feliz por esa respuesta y Yoshiki también aunque no pudiera demostrarlo en ese momento si que lo disfrutaba bastante.
Como su segunda oportunidad quería disfrutar cada momento a su lado.
Llego la puesta de sol y los chicos se fueron a dormir, cada uno es sus casas y sus respectivas camas. Uno de ellos descanso plácidamente en el futon y el otro no dejo de dar vueltas entre las sábanas sin logar conciliar el sueño en ningún momento. Aunque ambos deseaban acercase él uno al otro solo uno sabia bien el tipo de sentimientos qué lo impulsaban a hacerlo. El remordimiento, la culpa y un amor herido qué intentaba alcanzar los últimos puñado de arena blanca que quedaba en la orilla. Quería sostenerlos en las palmas de sus manos y mantenerlos ahí esperando que no fuera tan fina como para desmoronarse entre sus dedos. Sabiendo que "Hikaru" era inocente y que no entendía el peso de la palabra amor. Algo en su estómago se revolvía, le decía que no debía aprovecharse del cuerpo qué dejo atrás su amigo; ni del ser qué ahora lo ocupaba como una mascara. Aun así comenzó o a preparar el terreno para poder acercarse de forma lenta y natural. Con pequeñas insinuaciones qué dieran a entender que podía darse libertades al momento de convivir juntos, ser un más íntimos qué los amigos comunes permitiendo qué el chico lo tocara cuando quisiera siempre qué estuvieran solos. Pensó en invitarlo esa noche a su casa, pero no quería molestar a su madre trayendo a "Hikaru" sin avisar y el chico tampoco parecía querer ir a alguna otra parte después de clases.
Legaron a esa parte del camino donde se separaba para llegar a sus respectivas casas y se despidieron como de costumbre, "Hikaru" se veía feliz y tranquilo, incluso ya debía de haberse olvidado porque que Yuki estaba enojada con él. «Tal vez otro día» pensó Yoshiki. Uno en el que se sintiera mas valiente.
Yoshiki siguió caminando por inercia hasta que "Hikaru" lo llamo de repente. Se detuvo en seco como si hubiera salido de algún tipo de trance.
—¡Antes de que se me olvide! —grito el chico albino— ¿puedo ir a dormir a tu casa este viernes?
—Si —respondió al instante—. No tengo problema con eso, puedo avisarle a mi mamá con tiempo.
—Genial —sonrió el chico.
—¿Puedo preguntar el por que lo dices hasta ahora?
—Solo casi lo olvido —respondió "Hikaru" de la forma más inocente y sincera—. Quiero terminar de leer el manga que te preste.
—No es necesario que vengas a mi casa solo para eso, puedo traerlo y dártelo mañana en la escuela.
—Si, pero yo quiero leerlo en tu casa para que también puedas leer el final.
Se sentía culpable por estar pensando en acercarse de esa forma a alguien que mostraba tanta pureza. No era Hikaru y hasta la misma forma de expresarse los diferenciaban a ambos, era como un niño pequeño descubriendo el mundo y su lugar en este, aunque no fuera humano y llevara cientos de años en la montaña. Luce como Hikaru, habla como Hikaru, actúa como Hikaru, pero no es Hikaru. Probablemente ni siquiera sienta las mismas cosas que él, esta demasiado ocupado disfrutando las cosas simple de la vida como para detenerse a pensar en cosas tan abstractas como el amor. Aunque puede que tal vez "Hikaru" no se interese en ese tema al ser un ser del mas allá. Tal vez era mejor no involucrarlo en esos sentimientos, aunque el sabia que terminaría haciéndolo de todas formas.
A veces ni podía entender porque estaba siendo tan egoísta.