para el reto navideño del server 'Blossom Coffee', el prompt es 'el banquete'.
Puede que esto no fuera lo que Reina pensaba que pasaría, pero dentro de todo…no le desagradaba lo que estaba pasando.
Quizá tampoco ayudaba en que no tenía mucho tiempo para pensar.
¿Cuándo había cambiado el tono entre ellas? Reina sabía perfectamente que, tras el fiasco con la comida de presentación a su familia, Gynre se había volcado en llevarle cosas nuevas o ideas trastocadas de otras cosas más comunes. Aquello había dado alas a su ya corazón anhelante y, a pesar de la incertidumbre de un primer 'enamoramiento verdadero' como decía Maple, Reina se había dejado hacer.
Gynre, que era todo cantos mal redondeados y grietas, había encajado con la maleabilidad de Reina. Las risas de la enana ya no eran bajas sino fuertes como truenos; el silencio que la caracterizaba había sido dejado atrás por sonidos cotidianos que Reina no había podido notar hasta ahora que eran intrínsecamente suyos. Y sobretodo, los gestos de amor que en un principio habían sido meros susurros al aire, ahora se habían convertido en ráfagas primaverales que te hacían olvidar que aún quedaban unos días de invierno.
Celine y Adeline aún estaban en cierto shock, pues no comprendían muy bien cómo había Reina conseguido lo que por tanto tiempo había querido. Ver el romance florecer de aquella forma, tan tímida y frágil bajo el atardecer sobre el canal, pero ahora tan profunda y fuerte como el calor del hogar en pleno invierno, había sido un deleite el cual poco de sus libros describía de forma correcta.
Reina pensó que, lo que acababa de pasar, tampoco es que saliera exactamente en aquellos libros.
Aún tenía el corazón a mil y el calor dulce e intoxicante seguía instalado en su cuello, sintiendo la suave respiración de una Gynre que buscaba también calmarse entre sus muslos. Eso quizás era un impedimento para sentirse más tranquila, pero cerró los ojos y se intentó concentrar.
Se suponía que estaban haciendo el plato estrella que haría a Reina ganar el concurso.
Con aquel pensamiento pareció que el mundo dejó de girar por un segundo. Todo a sus oídos se quedó sin sonido, pero el resto de sus sentidos seguían amplificados. Y fue ahí que lo olió.
"Me cago en…"
Gynre fue quien actuó primero y Reina observó, abriendo los ojos asustada, cómo la enana corrió a su horno sin camiseta y protección contra el calor de aquello para evitar que fuera a más. El calor que salió del horno no le hizo romper a sudar, nada más una bocanada de humo gris oscuro la envolvió por unos segundos y cuando Reina, ya sentada en la encimera en vez de desparramada por ella, la volvió a ver tenía un gesto de derrota en el rostro y una bandeja con carne de res quemada en la mano.
"Nuestros sueños e ilusiones quemados como si les gustara vivir en la lava de los pisos inferiores de la mina."
Era absurdo, toda esa competitividad que le había llenado había acabado ganándole, por eso es que se había puesto a llorar como una magdalena mientras se hacía la carne. Aquello había hecho que Gynre se deshiciese en cariños con ella, que le besara las lágrimas y Reina le había besado de vuelta con lo poco de fuerza que le quedaba. Había desencadenado un fuego tras aquello rápido y violento, era lo único que podía decir.
Ah, también que se había cargado varias fuentes en el proceso, cayendo contra el suelo de losa con estrépito pero sin ser tomadas con importancia.
Pero por eso mismo Reina empezó a reírse sin control alguno, cómo nunca lo había hecho, y Gynre sólo pudo mirarla con cierta incredulidad.
Salir de su estado depresivo había devuelto el color a las cosas, le había vuelto a enseñar que era a lo que tenía que prestar atención de verdad y que su mundo ya no era uno bajo la superficie cavando sin parar hasta que sus huesos dieran con un agujero cómodo y decidieran no moverse más.
Reina había sido esa mota de calor en un mundo no frío, más bien sin temperatura alguna. Todos esos días que la había visto doblarse por el peso de sentimientos contrarios a ella…habían sido una extraña tortura, pues solo podía ver que se alejaba de lo que de verdad debía hacer. Sin embargo, Gynre la había acompañado en todo ese cúmulo de decisiones.
¿Cómo iba a aprender si no?
Y fue entonces que Gynre se permitió reír. Sus risas llenaron la pequeña casa de la enana, les hizo olvidar la comida quemada, les hizo olvidar por un momento las lágrimas amargas de quién descubre que iba por el camino incorrecto.
Dejó la bandeja, olvidó que a ambas les faltaba diferentes piezas de ropa (a Reina toda la parte de abajo, a Gynre toda la parte de arriba) y la tomó en sus brazos con la fuerza de mil soles para que no terminara tan hermosa melodía.
"Vamos a limpiarnos, florecilla," comentó, besándola y llenándose de su risa con aquello. ¿No era algo hermoso sentir la risa de quién amas en los labios? "Después a recoger y de ahí sacar adelante tu super cena."
Horas después, sentadas a la mesa de la posada, frente a todos sus invitados es que Reina podía decir que aquel banquete era algo de lo que se sentía orgullosa, algo de lo que podía decir que estaba lleno de la energía e historia del lugar dónde había nacido y se había criado. No era nada rimbombante, nada de sabores extraños, solo sabores de la tierra que les rodeaba y de todo aquello que era importante para ella.
Porque Reina, sentada allí, vestida con la ropa de quien más amaba, rodeada de lo que hacía Mistria ese lugar dónde quería permanecer y quería nutrir, supo que aquel banquete iba más allá de la comida.
Aquella comida la representaba a voces, con fuerza y con tesón.
Aunque no podía negar que el otro banquete que se había dado, repitiendo incluso, también le había gustado bastante.