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(Notas:
-Stu tiene 18 años y Daniela 19 años.
-Stu y Daniela son amigos.
-Es parte del canon de mi historia.
-Esto es demasiado autoindulgente, ahre.
-Dejé algunas palabras en inglés porque me gustan así, pero en verdad toda la conversación es en inglés.)
Luego de unos segundos se escuchó el pestillo abrirse junto a la puerta, Daniela vestida en pijama apareció del otro lado un poco desconcertada por el escándalo y la presencia de Stu.
—¿Qué haces aquí? —preguntó alzando una ceja.
—¿Cómo que qué hago aquí? Tú me llamaste diciendo que estabas abandonada y sola —dijo en un tono lastimero—. Entonces vine aquí a salvarte.
Anunció con su clásico exceso de ánimo y agitó la bolsa que llevaba en la mano, Daniela se rió entre dientes y se acercó a él.
—¿Ahora eres un príncipe? —preguntó con sarcasmo.
Stu fingió pensarlo unos segundos.
—Podría serlo, soy guapo, gracioso, amable, todo lo que una chica querría —respondió con una sonrisa tocándose levemente la barbilla—. ¿Tú qué opinas?
Lo observó por unos segundos que parecieron eternos en su mente, se fijó en todas las facciones de Stu sin que pudiera evitarlo, los ojos tiernos, las bolsas debajo de ellos que lo hacían ver aún más adorable, su nariz respingada y ancha, sus labios delgados, sus hoyuelos, mentiría si dijera que no siente algo por él o que no le parece lindo. Carraspeó tratando de ahuyentar sus pensamientos y le dió un toque en el hombro con el puño, intentando, sin éxito, no sonrojarse.
—Quizá —dijo Daniela finalmente con una sonrisa nerviosa—. ¿Qué traes ahí? —preguntó buscando desviar la conversación lo más rápido posible.
—Oh, traje refresco y cerveza y papitas, pensé que comer algo te subiría el ánimo —explicó abriendo la bolsa y mostrando cada artículo uno por uno.
—Dudo que pueda tomar, me duele bastante el cuerpo.
—Hey, no te preocupes por eso, un poco no te hará daño, traje un par y la compartiremos, ¿okay?
Daniela puso los ojos en blanco y asintió suavemente.
—A ti no te duele el cuerpo, por eso no te preocupas —replicó de forma acusatoria.
Stu hizo un pequeño puchero.
—No digas eso, lo hago, quiero que te relajes. Si te duele más el cuerpo probaremos otra cosa.
Eso sonaba a que no tenía un plan aparte de este, Daniela suspiró, siempre era de esa forma, sin un plan B, sin una idea que pudiera servir de respaldo por si la primera fallaba. Pero no quería preocuparse más porque empeoraría el brote, así que decidió seguirle el juego, no haría daño.
—Está bien, entra.
—No, no. Quería llevarte a un lugar cerca de aquí, te prometo que te gustará. —Su sonrisa se amplió y su tono cambió a uno juguetón, como si hablara con una niña pequeña —. Hay pajaritos, y árboles, y flores y el sol…
—Ya, ya entendí, iré a cambiarme, vuelvo en un momento, si quieres entra.
Stu, feliz de que aceptara su propuesta, la siguió dentro de la casa y dejó la bolsa sobre la mesa mientras se dió la libertad de ojear por la casa, estaba un poco desordenado, lo normal cuando la dejaban sola por semanas completas, vislumbró al gato de Daniela entrando a la cocina, sin embargo se quedó observando algo que llamó más su atención, la cesta de tejido, tomó entre sus manos la nueva creación de su amiga, se veía como un peluche o lo que fuera esa cosa redonda que parecía una pelota tejida con relleno, ¿tal vez una cabeza?. Sonrió, le daba curiosidad sus proyectos, no todos los días se podía conocer a una artista que disfrutara tanto de su pasatiempo.
Dejó eso a un lado y subió las escaleras dirigiéndose a la habitación de Daniela, tocó la puerta.
—Ela, ¿dónde guardan las mantas? Llevaremos una.
—En la habitación de al lado.
Escuchó a Stu entrar en la otra habitación y suspiró mirándose al espejo, así estaría bien, hacía calor y prefería ropa ligera, cerró el armario y salió de la habitación encontrándose con el chico de frente, él llevaba una manta colgada en su antebrazo.
—Oh, ya estás lista.
—Sí, ¿me tardé mucho?
—Para nada, vamos rápido, no querrás estar afuera cuando esté oscuro y haya asesinos sueltos por ahí —habló en un tono espeluznante, dejando salir una pequeña risita al final.
Daniela puso los ojos en blanco con una sonrisa.
—¿Sí? no sabía que te diera miedo la oscuridad —bromeó de vuelta.
—¿Qué? Claro que no —Fingió estar ligeramente ofendido—. En todo caso, si se hace tarde yo te protegeré, soy fuerte.
—Ajá.
Salieron de la casa y Stu no tardó en tomar a la chica de la muñeca tan rápido que no tuvo tiempo ni de reaccionar. Caminó junto con ella por el camino de tierra buscando el lugar del que habló, conteniendo sus piernas inquietas pues la superaba por 32cm y no quería llevar jalando a Daniela todo el trayecto.
Finalmente llegaron al pequeño claro, donde había exactamente lo que dijo Stu, aunque no le interesaba en ese momento, estaba más distraída con el hecho de que la había traído todo el camino agarrada de la muñeca, el sólo contacto le hizo sentir tan nerviosa y al mismo tiempo le daba un poco de envidia ver que en cambio Stu no parecía afectado por la situación.
Daniela se quedó de pie mientras su amigo se encargaba de tirar la manta en el suelo junto a un árbol, acomodó la cerveza, el refresco y las papitas encima de ella y palmeó suavemente el lugar donde se sentaría la chica.
Se acomodaron sin decir nada más, Stu había traído vasos de plástico y no tardó en usarlos, lo miró en silencio mientras mezclaba una pequeña cantidad de cerveza con fanta, le pareció un gesto tierno que se acordara de que le gustaba tomar así, aunque sabía que era una tontería pensar que no lo haría, obviamente lo recordaría, ya habían tomado otras veces antes, pero le hacía ilusión en cierta medida.
Stu le tendió el vaso con las manos ligeramente temblorosas, sabía que ella no se percataría de ello, ¿o tal vez sí?, se sentía un poco nervioso, quería llevarla a este lugar hace mucho y no estaba realmente seguro de que le fuera a gustar, pero en cuanto la vió tomando su trago con aparente tranquilidad pudo respirar en paz. Sin embargo el latido de su corazón continuó acelerándose a cada segundo que pasaba, Daniela tenía ese efecto en él, no recordaba haber sentido nada igual a esto antes, con esa intensidad y eso le provocaba cierta ansiedad.
El chico se sirvió parte de la cerveza en el otro vaso, abrió la bolsa de papas fritas acercándose a ella rozando su pierna con la de ella y dejando las papas apoyadas en medio. Tomaron juntos por un largo rato, lo supo porque ya llevaba dos vasos y Daniela aún estaba en la mitad del primero, le ofreció rellenarlo, ella aceptó. Continuaron bebiendo y mirando el paisaje, los pequeños animales que pasaban por ahí, la luz del sol pegando sobre la hierba y las flores de diversos colores, era tranquilizador, sin embargo la tensión (claramente romántica) entre ellos no se detuvo en ningún momento. Stu intentaba convencerse de que esto era estrictamente platónico, lo cual era verdad sólo quería ayudarla y hacerle compañía, o quizá que ella le hiciera compañía a él, con Daniela todo era confuso porque dejaba de sentirse falso, de intentar pertenecer o intentar ser útil o gracioso, sólo era él mismo y ella lo aceptaba así.
Su corazón no dejaba de latir por ella, aunque fuese incorrecto y aunque no fuera parte del plan. Debía estar con Tatum, al menos por ahora, si todo salía como tenían previsto es muy probable que pudiera confesarse y estar con quién realmente quería, si ella sentía lo mismo… no pudo evitar largar un suspiro, no quería pensar en eso ahora, mientras más pensaba, más mal se sentía con todo lo que estaba haciendo, ¿tal vez era cierta culpa?, ¿tal vez remordimiento?, sin embargo siempre lo callaba, últimamente era más difícil ignorarlo, la influencia tranquila y reflexiva de Daniela hacía que pensara en cosas que no quería pensar, le había contagiado, en parte, su forma de ver la vida. Eso era muy bueno y muy malo a la vez. No se podía permitir decepcionar a alguien tan importante para él ahora que estaba metido de lleno en todo esto, no podía hacerle eso a Billy.
El silencio reinaba entre ellos, llevaban un buen rato con las manos tomadas y no recuerda cómo pasó, tal vez ocurrió cuando tocó su hombro para saber cómo estaba o quizás era la necesidad inherente de contacto que tenía, pero tomó su mano y ella no se alejó. No era la primera vez que disfrutaban de un momento así, en un acto tan platónico y él se sentía cómodo así, teniendo esos momentos con Daniela a solas.
—Stu.
—¿Sí?
—Gracias… por perder el tiempo conmigo, realmente me sentía sola hoy.
—Para eso están los amigos, no te quedarás "forever alone" en mi presencia.
Daniela se rió a toda voz por el efecto del alcohol.
—Me alegra, a veces la soledad pega demasiado —admitió con cierta timidez.
La chica aún tenía cierta reticencia a hablar de sentimientos con él, quizá por el miedo patológico que tenía a las burlas, sin embargo Stu la miró con detenimiento y cierta comprensión en sus ojos.
—Sé lo que es. Mis padres no me prestan tanta atención como me gustaría, la casa se siente muy grande para una sola persona.
—Sí… —dijo estando de acuerdo y luego sonrió un poco apretando su mano—. ¿Es por eso que eres tan tocón? —preguntó con curiosidad.
Stu se sorprendió con la pregunta y rió suavemente, se sintió avergonzado de que lo leyera tan bien, pero también le alegró, era como si no pudiera ocultarle nada aunque lo intentase. Contestó en un tono juguetón:
—Oh, ¿analizándome de nuevo? Me agrada ser tan interesante para ti, ¿acaso te gusto?
Sabía que lo había dicho como una broma, sin embargo Daniela se sonrojó de todas formas y le dió un pequeño manotazo en el pecho, Stu se quejó en voz baja.
—Ya déjame.
—Ouch, era broma, era broma.
Daniela suspiró mientras Stu se sobaba la zona del golpe.
—Sólo intento entender… creo que soy todo lo contrario, no me gusta la cercanía, me da miedo —admitió en un tono bajo.
—Lo he notado. Aún así aceptas que me acerque —contestó recalcando lo obvio.
—Porque eres muy insistente y rompe bolas —replicó.
—Ouch, eso fue un golpe duro, más duro que tus manos.
Daniela lo miró soltando una risa por la expresión ofendida y dramática de Stu.
—No te lo tomes a mal… ya me acostumbré.
—Ah, qué dulce, ¿así que en esa página estamos? —bromeó, sin embargo tenía curiosidad y preguntó—: ¿Lo aceptas por costumbre o porque te agrada?
—No lo sé, tal vez ambas. Al principio fue extraño, pero ya no. Todo esto es raro para mí de todas formas.
— ¿Por qué?
Daniela resopló con cierto temor, no quería admitir delante de él que le asustaba de sobremanera que cambiara, que se diera cuenta de que su compañía no valía la pena, que dejara de ser tan cercano con ella.
—No sé.
Stu se dió cuenta de que volvía a cerrarse y decidió no presionar, a pesar de que quería saber lo que pensaba. Soltó su mano y le rodeó los hombros riendo.
—Relájate, algún día me lo dirás, quizá fue demasiada mierda sentimental por hoy —dijo con ligereza para luego levantarse.
La chica se quedó sentada ahí aún procesando la pérdida de contacto, sin embargo no se quejó, simplemente se levantó y ayudó a Stu a recoger las cosas. Se dió cuenta de que pasaron dos horas sentados ahí, muy pronto comenzaría a atardecer y prefería estar en casa antes de eso.
Se puso la manta al hombro una vez doblada y Stu agarró la bolsa con la basura de lo que habían comido, caminaron de vuelta a casa con una tranquilidad que no estaba al principio del día, el chico iba tarareando una canción mientras Daniela simplemente lo escuchaba en silencio, se sentía más aliviada ahora, y un poco borracha, claramente Stu también.
Llegaron a la puerta de la casa, Daniela la abrió y se volteó hacia Stu como si quisiera decir algo, no quería que se fuera tan pronto, pero se sintió tonta al querer retenerlo, así que abrió la boca pero la cerró inmediatamente.
—Te veo el lunes.
Fue lo único que pudo decir. Stu se apoyó levemente en la puerta abierta.
—Hasta el lunes, me llevaré la evidencia —dijo agitando la bolsa.
Daniela se rió un poco.
—Sí, me parece buena idea.
Se quedaron en silencio, de pie como si no supieran qué más decir, realmente ninguno de los dos quería despedirse, sin embargo Stu sabía que debía irse por ahora, sus padres lo esperaban en casa. Dejó la bolsa en el suelo y se acercó un poco a Daniela abriendo los brazos.
—¿Abrazo de despedida? —ofreció con una sonrisa.
La chica sonrió de vuelta y acortó la distancia lentamente hasta que se abrazaron con fuerza provocando que se cayera la manta de su hombro, cosa que hizo reír suavemente a ambos.
Stu comenzó a acariciar las puntas de su cabello al darse cuenta de que el abrazo se alargaba y respiró con suavidad su aroma, era muy probable que fuera culpa del alcohol, pero sentía que sus sentimientos se le escapaban de las manos, no creía ser capaz de dejarla ir, aún así tuvo que hacerlo, poco a poco se separaron para mirarse durante unos minutos que parecieron horas, Daniela sostenía sus caderas suavemente y él sus hombros. Miró detenidamente hacia su boca, deseoso de poder besarla, entonces su impulsividad tomó el control, se inclinó hacia ella y la distancia se volvió nula, la sintió tensarse pero luego correspondió, trató de ir despacio sin conseguirlo del todo, presionó una y otra vez sus labios contra los de ella en un intento de calmar su sed, su corazón estaba a punto de estallar, sus piernas a nada de flaquear, nunca un beso se sintió así de bien, el tacto era tan suave, tan caliente y tan húmedo, se entusiasmó viviendo el momento al punto de que todo había desaparecido de su cabeza, sólo Daniela y su presencia ocupaban ese lugar.
Cuando se separaron con la respiración agitada y las mejillas ardiendo sabía que la había cagado, tragó duro y se regañó mentalmente por no poder contenerse. Antes de que Daniela pudiera hablar, se disculpó.
—Lo siento mucho, no pretendía… quiero decir, no es que no quisiera, es decir, no debería pero lo hice por error y… y…
—No, no. Da igual, también es mi culpa, debí alejarte.
—No, perdón, en serio.
—Está bien.
Stu suspiró al percibir que ella se estaba cerrando otra vez, no quería provocar esto.
—¿Estás enojada?
—... No realmente.
—¿No? —Stu parecía confundido con esa respuesta, indagó más—. ¿Por qué? ¿Te gusto?
—¿Por qué me preguntas esto? —Su tono denotaba cierta ira contenida.
—Quiero saber.
—¿Para qué?
El chico suspiró por segunda vez, quería saberlo, quería escucharlo de ella, pero estaba siendo demasiado insistente de nuevo, la situación no era ideal, aún estaba con Tatum, estaba siendo impulsivo.
—Cierto… lo siento mucho, no quería incomodarte, ni hacer todo extraño, no estaba pensando con claridad…
—Lo sé, no te comas la cabeza.
Sonrió un poco, lo estaba tratando como un niño, pero le enternecía que se preocupara por él y que no estuviera molesta.
—No lo haré… tú tampoco lo hagas, recuerda que eres tú la que piensa mucho aquí.
—Sí, tú no piensas nada.
—¡Oye!
Daniela se carcajeó muy fuerte al ver su cara ofendida, Stu sonrió al escucharla, parece que no había arruinado nada, eso lo aliviaba, la abrazo una vez más sin darle tiempo a reaccionar y se separó.
—Hasta el lunes. No me extrañes, baby.
Agarró la bolsa y se marchó a casa. Daniela se quedó ahí parada mirando como se iba y suspiró un poco molesta, saber que Stu sentía lo mismo le hacía feliz, pero no quería hacerle daño a Tatum, la chica le caía bien, así que aunque le molestaba el resultado insatisfactorio de la situación, estaba bien con eso. Entró a casa al percatarse de que Stu se había ido, le esperaba una larga noche de insomnio.
-Stu tiene 18 años y Daniela 19 años.
-Stu y Daniela son amigos.
-Es parte del canon de mi historia.
-Esto es demasiado autoindulgente, ahre.
-Dejé algunas palabras en inglés porque me gustan así, pero en verdad toda la conversación es en inglés.)
Feeling Love
—¡Hey, Ela, abre la puerta! —gritó desde afuera después de haber tocado cerca de diez veces seguidas el timbre.
Luego de unos segundos se escuchó el pestillo abrirse junto a la puerta, Daniela vestida en pijama apareció del otro lado un poco desconcertada por el escándalo y la presencia de Stu.
—¿Qué haces aquí? —preguntó alzando una ceja.
—¿Cómo que qué hago aquí? Tú me llamaste diciendo que estabas abandonada y sola —dijo en un tono lastimero—. Entonces vine aquí a salvarte.
Anunció con su clásico exceso de ánimo y agitó la bolsa que llevaba en la mano, Daniela se rió entre dientes y se acercó a él.
—¿Ahora eres un príncipe? —preguntó con sarcasmo.
Stu fingió pensarlo unos segundos.
—Podría serlo, soy guapo, gracioso, amable, todo lo que una chica querría —respondió con una sonrisa tocándose levemente la barbilla—. ¿Tú qué opinas?
Lo observó por unos segundos que parecieron eternos en su mente, se fijó en todas las facciones de Stu sin que pudiera evitarlo, los ojos tiernos, las bolsas debajo de ellos que lo hacían ver aún más adorable, su nariz respingada y ancha, sus labios delgados, sus hoyuelos, mentiría si dijera que no siente algo por él o que no le parece lindo. Carraspeó tratando de ahuyentar sus pensamientos y le dió un toque en el hombro con el puño, intentando, sin éxito, no sonrojarse.
—Quizá —dijo Daniela finalmente con una sonrisa nerviosa—. ¿Qué traes ahí? —preguntó buscando desviar la conversación lo más rápido posible.
—Oh, traje refresco y cerveza y papitas, pensé que comer algo te subiría el ánimo —explicó abriendo la bolsa y mostrando cada artículo uno por uno.
—Dudo que pueda tomar, me duele bastante el cuerpo.
—Hey, no te preocupes por eso, un poco no te hará daño, traje un par y la compartiremos, ¿okay?
Daniela puso los ojos en blanco y asintió suavemente.
—A ti no te duele el cuerpo, por eso no te preocupas —replicó de forma acusatoria.
Stu hizo un pequeño puchero.
—No digas eso, lo hago, quiero que te relajes. Si te duele más el cuerpo probaremos otra cosa.
Eso sonaba a que no tenía un plan aparte de este, Daniela suspiró, siempre era de esa forma, sin un plan B, sin una idea que pudiera servir de respaldo por si la primera fallaba. Pero no quería preocuparse más porque empeoraría el brote, así que decidió seguirle el juego, no haría daño.
—Está bien, entra.
—No, no. Quería llevarte a un lugar cerca de aquí, te prometo que te gustará. —Su sonrisa se amplió y su tono cambió a uno juguetón, como si hablara con una niña pequeña —. Hay pajaritos, y árboles, y flores y el sol…
—Ya, ya entendí, iré a cambiarme, vuelvo en un momento, si quieres entra.
Stu, feliz de que aceptara su propuesta, la siguió dentro de la casa y dejó la bolsa sobre la mesa mientras se dió la libertad de ojear por la casa, estaba un poco desordenado, lo normal cuando la dejaban sola por semanas completas, vislumbró al gato de Daniela entrando a la cocina, sin embargo se quedó observando algo que llamó más su atención, la cesta de tejido, tomó entre sus manos la nueva creación de su amiga, se veía como un peluche o lo que fuera esa cosa redonda que parecía una pelota tejida con relleno, ¿tal vez una cabeza?. Sonrió, le daba curiosidad sus proyectos, no todos los días se podía conocer a una artista que disfrutara tanto de su pasatiempo.
Dejó eso a un lado y subió las escaleras dirigiéndose a la habitación de Daniela, tocó la puerta.
—Ela, ¿dónde guardan las mantas? Llevaremos una.
—En la habitación de al lado.
Escuchó a Stu entrar en la otra habitación y suspiró mirándose al espejo, así estaría bien, hacía calor y prefería ropa ligera, cerró el armario y salió de la habitación encontrándose con el chico de frente, él llevaba una manta colgada en su antebrazo.
—Oh, ya estás lista.
—Sí, ¿me tardé mucho?
—Para nada, vamos rápido, no querrás estar afuera cuando esté oscuro y haya asesinos sueltos por ahí —habló en un tono espeluznante, dejando salir una pequeña risita al final.
Daniela puso los ojos en blanco con una sonrisa.
—¿Sí? no sabía que te diera miedo la oscuridad —bromeó de vuelta.
—¿Qué? Claro que no —Fingió estar ligeramente ofendido—. En todo caso, si se hace tarde yo te protegeré, soy fuerte.
—Ajá.
Salieron de la casa y Stu no tardó en tomar a la chica de la muñeca tan rápido que no tuvo tiempo ni de reaccionar. Caminó junto con ella por el camino de tierra buscando el lugar del que habló, conteniendo sus piernas inquietas pues la superaba por 32cm y no quería llevar jalando a Daniela todo el trayecto.
Finalmente llegaron al pequeño claro, donde había exactamente lo que dijo Stu, aunque no le interesaba en ese momento, estaba más distraída con el hecho de que la había traído todo el camino agarrada de la muñeca, el sólo contacto le hizo sentir tan nerviosa y al mismo tiempo le daba un poco de envidia ver que en cambio Stu no parecía afectado por la situación.
Daniela se quedó de pie mientras su amigo se encargaba de tirar la manta en el suelo junto a un árbol, acomodó la cerveza, el refresco y las papitas encima de ella y palmeó suavemente el lugar donde se sentaría la chica.
Se acomodaron sin decir nada más, Stu había traído vasos de plástico y no tardó en usarlos, lo miró en silencio mientras mezclaba una pequeña cantidad de cerveza con fanta, le pareció un gesto tierno que se acordara de que le gustaba tomar así, aunque sabía que era una tontería pensar que no lo haría, obviamente lo recordaría, ya habían tomado otras veces antes, pero le hacía ilusión en cierta medida.
Stu le tendió el vaso con las manos ligeramente temblorosas, sabía que ella no se percataría de ello, ¿o tal vez sí?, se sentía un poco nervioso, quería llevarla a este lugar hace mucho y no estaba realmente seguro de que le fuera a gustar, pero en cuanto la vió tomando su trago con aparente tranquilidad pudo respirar en paz. Sin embargo el latido de su corazón continuó acelerándose a cada segundo que pasaba, Daniela tenía ese efecto en él, no recordaba haber sentido nada igual a esto antes, con esa intensidad y eso le provocaba cierta ansiedad.
El chico se sirvió parte de la cerveza en el otro vaso, abrió la bolsa de papas fritas acercándose a ella rozando su pierna con la de ella y dejando las papas apoyadas en medio. Tomaron juntos por un largo rato, lo supo porque ya llevaba dos vasos y Daniela aún estaba en la mitad del primero, le ofreció rellenarlo, ella aceptó. Continuaron bebiendo y mirando el paisaje, los pequeños animales que pasaban por ahí, la luz del sol pegando sobre la hierba y las flores de diversos colores, era tranquilizador, sin embargo la tensión (claramente romántica) entre ellos no se detuvo en ningún momento. Stu intentaba convencerse de que esto era estrictamente platónico, lo cual era verdad sólo quería ayudarla y hacerle compañía, o quizá que ella le hiciera compañía a él, con Daniela todo era confuso porque dejaba de sentirse falso, de intentar pertenecer o intentar ser útil o gracioso, sólo era él mismo y ella lo aceptaba así.
Su corazón no dejaba de latir por ella, aunque fuese incorrecto y aunque no fuera parte del plan. Debía estar con Tatum, al menos por ahora, si todo salía como tenían previsto es muy probable que pudiera confesarse y estar con quién realmente quería, si ella sentía lo mismo… no pudo evitar largar un suspiro, no quería pensar en eso ahora, mientras más pensaba, más mal se sentía con todo lo que estaba haciendo, ¿tal vez era cierta culpa?, ¿tal vez remordimiento?, sin embargo siempre lo callaba, últimamente era más difícil ignorarlo, la influencia tranquila y reflexiva de Daniela hacía que pensara en cosas que no quería pensar, le había contagiado, en parte, su forma de ver la vida. Eso era muy bueno y muy malo a la vez. No se podía permitir decepcionar a alguien tan importante para él ahora que estaba metido de lleno en todo esto, no podía hacerle eso a Billy.
El silencio reinaba entre ellos, llevaban un buen rato con las manos tomadas y no recuerda cómo pasó, tal vez ocurrió cuando tocó su hombro para saber cómo estaba o quizás era la necesidad inherente de contacto que tenía, pero tomó su mano y ella no se alejó. No era la primera vez que disfrutaban de un momento así, en un acto tan platónico y él se sentía cómodo así, teniendo esos momentos con Daniela a solas.
—Stu.
—¿Sí?
—Gracias… por perder el tiempo conmigo, realmente me sentía sola hoy.
—Para eso están los amigos, no te quedarás "forever alone" en mi presencia.
Daniela se rió a toda voz por el efecto del alcohol.
—Me alegra, a veces la soledad pega demasiado —admitió con cierta timidez.
La chica aún tenía cierta reticencia a hablar de sentimientos con él, quizá por el miedo patológico que tenía a las burlas, sin embargo Stu la miró con detenimiento y cierta comprensión en sus ojos.
—Sé lo que es. Mis padres no me prestan tanta atención como me gustaría, la casa se siente muy grande para una sola persona.
—Sí… —dijo estando de acuerdo y luego sonrió un poco apretando su mano—. ¿Es por eso que eres tan tocón? —preguntó con curiosidad.
Stu se sorprendió con la pregunta y rió suavemente, se sintió avergonzado de que lo leyera tan bien, pero también le alegró, era como si no pudiera ocultarle nada aunque lo intentase. Contestó en un tono juguetón:
—Oh, ¿analizándome de nuevo? Me agrada ser tan interesante para ti, ¿acaso te gusto?
Sabía que lo había dicho como una broma, sin embargo Daniela se sonrojó de todas formas y le dió un pequeño manotazo en el pecho, Stu se quejó en voz baja.
—Ya déjame.
—Ouch, era broma, era broma.
Daniela suspiró mientras Stu se sobaba la zona del golpe.
—Sólo intento entender… creo que soy todo lo contrario, no me gusta la cercanía, me da miedo —admitió en un tono bajo.
—Lo he notado. Aún así aceptas que me acerque —contestó recalcando lo obvio.
—Porque eres muy insistente y rompe bolas —replicó.
—Ouch, eso fue un golpe duro, más duro que tus manos.
Daniela lo miró soltando una risa por la expresión ofendida y dramática de Stu.
—No te lo tomes a mal… ya me acostumbré.
—Ah, qué dulce, ¿así que en esa página estamos? —bromeó, sin embargo tenía curiosidad y preguntó—: ¿Lo aceptas por costumbre o porque te agrada?
—No lo sé, tal vez ambas. Al principio fue extraño, pero ya no. Todo esto es raro para mí de todas formas.
— ¿Por qué?
Daniela resopló con cierto temor, no quería admitir delante de él que le asustaba de sobremanera que cambiara, que se diera cuenta de que su compañía no valía la pena, que dejara de ser tan cercano con ella.
—No sé.
Stu se dió cuenta de que volvía a cerrarse y decidió no presionar, a pesar de que quería saber lo que pensaba. Soltó su mano y le rodeó los hombros riendo.
—Relájate, algún día me lo dirás, quizá fue demasiada mierda sentimental por hoy —dijo con ligereza para luego levantarse.
La chica se quedó sentada ahí aún procesando la pérdida de contacto, sin embargo no se quejó, simplemente se levantó y ayudó a Stu a recoger las cosas. Se dió cuenta de que pasaron dos horas sentados ahí, muy pronto comenzaría a atardecer y prefería estar en casa antes de eso.
Se puso la manta al hombro una vez doblada y Stu agarró la bolsa con la basura de lo que habían comido, caminaron de vuelta a casa con una tranquilidad que no estaba al principio del día, el chico iba tarareando una canción mientras Daniela simplemente lo escuchaba en silencio, se sentía más aliviada ahora, y un poco borracha, claramente Stu también.
Llegaron a la puerta de la casa, Daniela la abrió y se volteó hacia Stu como si quisiera decir algo, no quería que se fuera tan pronto, pero se sintió tonta al querer retenerlo, así que abrió la boca pero la cerró inmediatamente.
—Te veo el lunes.
Fue lo único que pudo decir. Stu se apoyó levemente en la puerta abierta.
—Hasta el lunes, me llevaré la evidencia —dijo agitando la bolsa.
Daniela se rió un poco.
—Sí, me parece buena idea.
Se quedaron en silencio, de pie como si no supieran qué más decir, realmente ninguno de los dos quería despedirse, sin embargo Stu sabía que debía irse por ahora, sus padres lo esperaban en casa. Dejó la bolsa en el suelo y se acercó un poco a Daniela abriendo los brazos.
—¿Abrazo de despedida? —ofreció con una sonrisa.
La chica sonrió de vuelta y acortó la distancia lentamente hasta que se abrazaron con fuerza provocando que se cayera la manta de su hombro, cosa que hizo reír suavemente a ambos.
Stu comenzó a acariciar las puntas de su cabello al darse cuenta de que el abrazo se alargaba y respiró con suavidad su aroma, era muy probable que fuera culpa del alcohol, pero sentía que sus sentimientos se le escapaban de las manos, no creía ser capaz de dejarla ir, aún así tuvo que hacerlo, poco a poco se separaron para mirarse durante unos minutos que parecieron horas, Daniela sostenía sus caderas suavemente y él sus hombros. Miró detenidamente hacia su boca, deseoso de poder besarla, entonces su impulsividad tomó el control, se inclinó hacia ella y la distancia se volvió nula, la sintió tensarse pero luego correspondió, trató de ir despacio sin conseguirlo del todo, presionó una y otra vez sus labios contra los de ella en un intento de calmar su sed, su corazón estaba a punto de estallar, sus piernas a nada de flaquear, nunca un beso se sintió así de bien, el tacto era tan suave, tan caliente y tan húmedo, se entusiasmó viviendo el momento al punto de que todo había desaparecido de su cabeza, sólo Daniela y su presencia ocupaban ese lugar.
Cuando se separaron con la respiración agitada y las mejillas ardiendo sabía que la había cagado, tragó duro y se regañó mentalmente por no poder contenerse. Antes de que Daniela pudiera hablar, se disculpó.
—Lo siento mucho, no pretendía… quiero decir, no es que no quisiera, es decir, no debería pero lo hice por error y… y…
—No, no. Da igual, también es mi culpa, debí alejarte.
—No, perdón, en serio.
—Está bien.
Stu suspiró al percibir que ella se estaba cerrando otra vez, no quería provocar esto.
—¿Estás enojada?
—... No realmente.
—¿No? —Stu parecía confundido con esa respuesta, indagó más—. ¿Por qué? ¿Te gusto?
—¿Por qué me preguntas esto? —Su tono denotaba cierta ira contenida.
—Quiero saber.
—¿Para qué?
El chico suspiró por segunda vez, quería saberlo, quería escucharlo de ella, pero estaba siendo demasiado insistente de nuevo, la situación no era ideal, aún estaba con Tatum, estaba siendo impulsivo.
—Cierto… lo siento mucho, no quería incomodarte, ni hacer todo extraño, no estaba pensando con claridad…
—Lo sé, no te comas la cabeza.
Sonrió un poco, lo estaba tratando como un niño, pero le enternecía que se preocupara por él y que no estuviera molesta.
—No lo haré… tú tampoco lo hagas, recuerda que eres tú la que piensa mucho aquí.
—Sí, tú no piensas nada.
—¡Oye!
Daniela se carcajeó muy fuerte al ver su cara ofendida, Stu sonrió al escucharla, parece que no había arruinado nada, eso lo aliviaba, la abrazo una vez más sin darle tiempo a reaccionar y se separó.
—Hasta el lunes. No me extrañes, baby.
Agarró la bolsa y se marchó a casa. Daniela se quedó ahí parada mirando como se iba y suspiró un poco molesta, saber que Stu sentía lo mismo le hacía feliz, pero no quería hacerle daño a Tatum, la chica le caía bien, así que aunque le molestaba el resultado insatisfactorio de la situación, estaba bien con eso. Entró a casa al percatarse de que Stu se había ido, le esperaba una larga noche de insomnio.
