• 🌌 ¡Astreya Week ha comenzado!

    Celebra a nuestra mascota galáctica creando arte, historias o ideas inspiradas en ella.
    Participa del 25 al 31 de julio y gana premios estelares.
    ¡Súmate a la Astreya Week!

  • 🎉 ¡El Aniversario de Atlas ha llegado a su fin!

    🌟 Gracias por acompañarnos en esta celebración tan especial. Si participaste y aún no has recibido todos tus premios, puedes solicitarlos en el tema oficial del evento.
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  • 🏕️ ¡Campamento Literario de Julio en marcha!

    ✍️ Este mes escribimos sobre Resistencia. ¿Qué significa para ti?
    Participa en los retos semanales y deja fluir tus palabras.
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  • 🎯 ¡Misiones Imposibles!

    🔐 ¿Aceptas el desafío? Tus habilidades serán puestas a prueba en estas misiones especiales del foro.
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  • 🎨 ¡Reto Artístico de Mayo sigue activo!

    🖌️ El arte no tiene fecha de caducidad. Tienes hasta el 31 de julio para compartir tu creación.
    ¡Participa con tu obra aquí!

En emisión (+18) Renault (Fantasia)

  • Iniciador del tema Iniciador del tema Natasha
  • Fecha de inicio Fecha de inicio
Fandom
Original
Genero
  1. Romance
  2. Fantasia
Clasificación
Explícito
Advertencias
#TemasSexualesNormalizados #PrescenciaDeSangre #Muerte #CastigosFisicos #SiPlaneoMasCosasAgregareAdvertencia
Sinopsis
Brielle ingresó como aprendiz a la Casa de las Rosas Negras cuando tenía apenas nueve años, tras perder a sus padres en la guerra. Ahora, a punto de convertirse en concubina, empieza a notar algo inquietante: varias chicas han desaparecido sin explicación, y todas compartían un mismo rasgo prohibido… eran Altari, una raza despreciada y temida por los humanos. Mientras la Casa insiste en fingir normalidad, Brielle descubre pistas que apuntan a secretos enterrados bajo el lujo y el silencio que gobiernan cada pasillo. Determinada a proteger a las pocas compañeras que quedan, se adentra en una investigación peligrosa que amenaza con exponer la oscura verdad que sostiene a la Casa… y los intereses que harían cualquier cosa por mantenerla oculta.
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PROLOGO
Manos me agarraron de las piernas, de los brazos, de cada trozo de piel que podían encontrar. Me sacudía con toda la fuerza que tenía, mordía, arañaba, daba puñetazos, cualquier cosa para que me soltaran. Un gruñido se me escapaba de la garganta mientras les lanzaba insultos a las otras chicas, todas un poco mayores que yo.

Alguien me aplastó un trapo contra la boca. Mis gritos se volvieron un ruido ahogado. Moví la cabeza de un lado a otro, intentando evitar que lo anudaran, pero fue inútil. Me arrastraron fuera de la habitación, dejando atrás a la otra chica, la que lloraba en los brazos de una de las Madames. No me importaba su nombre. La vi con la mano en la mejilla, donde mis uñas la habían lastimado. Dos finos cortes sangraban y la piel ya se le hinchaba.

—¡Basta, detente! —se quejó una de ellas cuando le metí un codazo en el estómago.

Me llevaron al armario. Me lanzaron al interior y la puerta se cerró de un golpe antes de que pudiera darme la vuelta y escapar. Escuché dos pares de pasos alejándose mientras me quitaba el trapo de la boca. Empecé a aporrear la madera con las manos, a golpearla, a intentar abrirla a la fuerza.

—¡Sáquenme de aquí! —escuché un suspiro cansado al otro lado. Solté un gruñido de rabia. Cuando saliera de aquí, me vengaría. De esas tres y de la Madame. Se lo prometí.

—Uno pensaría que después de una docena de veces encerrada aquí, aprenderías a portarte mejor —murmuró la misma voz desde afuera, llena de hastío.

—¡Putas! ¡Todas son putas! —grité a la puerta cerrada, golpeándola con los puños y pateándola hasta que el armario entero temblaba.

—Todas lo somos o lo seremos, no te equivoques, niña —dijo la voz, y luego escuché sus pasos alejándose.

Dejé de golpear. Era inútil. Solo me sacarían cuando estuviera tranquila. Me acurruqué en un rincón, envolviendo las rodillas con mis brazos.

Una delgada raya de luz se colaba entre las maderas y dio en mis dedos. Vi un pequeño destello rojo bajo mis uñas. Me lamí la sangre seca mientras imaginaba a la otra chica llorando. Esperaba que mis marcas dejaran cicatriz. Quería que se quedaran allí para siempre.

Unos días después, la volví a ver. Dos finas líneas todavía cruzaban su mejilla. Y no se fueron. Sonreí.
 
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